Todos hemos sufrido de Bullying

Hasta el Papa Francisco, de eso estoy segura, como que me llamo Cornelia del Socorro. Porque en la vida no todo es risas y amor, no, en el paquete vienen incluidos golpes, raspones y estrellones. Si no sanas, mueres; si no mueres, cambias. Hay dos tipos de personas, las que pelean o las que son la bolsa de boxeo. Tú decides. A este mundo vinimos a sobrevivir, y el más fuerte vence, y no necesariamente tienes que ser fuerte físicamente, la mente puede más que cualquier músculo. No estoy de acuerdo con eso de poner la otra mejilla, porque les aseguro que si haces eso en este mundo de salvajes, terminarías con los cachetes mas hinchados que Kiko.

El Bullying no se presenta solamente cuando estamos niños, no, no, eso es en todos los ámbitos. Lo que pasa es que cuando eres adulto cambia de nombre y se convierte en: “acoso laboral”. Miles de famosos han sufrido de Bullying, a personas con ideas nuevas, como a Steve Jobs, seguramente los compañeros de clase lo tenían en una esquina, con un cartel de Nerd en la espalda, un huevo partido en la cabeza y un mouse metido en el cu…arto de su casa. Si buscas verás en las listas a muchos de tus ídolos siendo víctimas de bromas y comentarios hirientes antes de llegar a donde hoy están, en la cima. A Shakira por ejemplo, le decían que tenía voz de cabra y ni en el coro del colegio la dejaban cantar. Hay que limpiarse muy bien las orejas, para que cada vez que quieran truncar tus sueños, te entre por un odio y te salga por el otro. Nunca aceptes comentarios negativos, sólo recibe lo positivo.
Y ten presente que los niños, los niños son crueles. Bueno, algunos, los que aprendieron que en la selva de la niñez toca ser Tarzan, o en su defecto Chita, la amiga de Tarzan. Pendejo el último.

“Bullying” o “matoneo” se denomina a la intimidación, acoso o victimización entre compañeros en el ámbito escolar. La palabra se utiliza para describir estos distintos tipos de comportamientos negativos, que se dan tanto en niños como en adolescentes, y que van desde bromas pesadas, pasando por el ignorar o menospreciar a alguien, hasta ataques personales, e incluso abusos serios.

Esto lo acabo de averiguar en Google, hace unos años no tenía ni idea que eso existía, yo solo sabía las palabras que mis padres me decían cuando estaba niña: “no te dejes joder de nadie”. Esa frase la tengo presente desde que media un metro y el pelo me llegaba a las caderas, como salgo en la foto de arriba. Les voy a contar mi historia, un poco extraña la verdad, bueno eso de “extraña” no tiene nada de extraño en mí.

Mi primera infancia la viví en un pueblito macondiano de Bolívar. Allá empecé a fraguar mi personalidad. Esta de no dejarme joder de nadie. Me tocó solita, porque lastimosamente no había escuchado la canción: “You are beatiful…” La verdad me hubiera servido mucho. Que risa las coincidencias de la vida, en estos momentos mis oídos escuchan: “Bonito, todo me parece bonito”. Esto fue un paréntesis para musicalizar este artículo. Porque a mí no me “bullyinearon” porque fuera bonita o no, a mí me jodian era por ser blanca.

Sufrí de racismo, así como lo oyen. Los niños Afrodecendientes me odiaban por mi color de piel. Me decían infinidades de insultos, los que más recuerdo son: transparente, rana platanera, papel Bond, o bolsa de leche. Yo en mi inocencia respondía a eso con: azul turquí, color popó, o.. o.. Nunca alcanzaba a decir el tercer insulto porque los simios me hacían una ronda, y una morena, con el pelo en forma de 8, que también me odiaba porque el mío era liso arriba y con forma de S en las puntas, me tiraba al piso y me arrastraba. Yo flaquita, no podía con esa mujer, me impresionaba. ¡Esa niña tenía músCULOs!

Juro que yo hubiera odiado a todos los Afrodecendientes si en mi finca, donde la mayoría lo eran, no me hubieran tratado con el cariño que lo hacían. Allá era otro cuento, todos me querían y compartía con ellos hasta la comida. Los trabajadores comían en un lado, y yo en otro, pero mi papá que es el hombre más sencillo que conozco, se sentaba a comer con ellos. Yo lo veía y lo imitaba, dejaba el plato en la mesa y me sentaba al rededor de la olla gigante llena de sopa y comía con cuchara de totumo. Eso, y las explicaciones de mis papás sobre el racismo, me ayudaron a no caer en el. Desde niña entendí que a ellos por mucho tiempo la humanidad los había menospreciado por su color de piel, por eso al verme a mí, esos niños, veían la oportunidad de desquitarse.

Dicen que si no puedes con el enemigo, toca unirsele, pero en mi caso no había nada que hacer, ni modo que usara la técnica de Michael Jackson. Por eso mis papas decidieron ponerme clases particulares, así los mismos profesores del colegio, me daban las materias en la comodidad de mi casa. Recuerdo que la única fórmula que mi mamá tenía para ponerme a estudiar era amenazandome con que me iba a vender a Willy, mi caballo. En los años que pasé allá, yo era la propia “potra zaina”, tenía el caballo en el patio y montaba casi todos los días. Pero a pesar de las clases particulares, todavía me tocaba seguir yendo a “la selva”, de vez en cuando para presentar los exámenes. Así que me preparé. Juré que Yusdary, la morena, no me iba a volver a molestar. La guerra nunca la gané, más temprano de lo esperado me fui, pero esa batalla sí, y de que forma. Como en toda guerra formé mi ejército, el Gordo Mario, como le decía a mi mejor amigo, que para mi salvación era de mi mismo color de piel pero 5 veces más pesado que yo, era mi soldado raso. La de las ideas locas era yo, él solo obedecía. Digamos que yo era una especie de Tarzan en mente y Chita en cuerpo, y él, era todo lo contrario.

Para adicionarle a mi condición de flaquita y blanquita, tenía los pies chuecos, caminaba con los pies hacia afuera, el pato Donald me quedan en pañales. Yo tenía que usar unas botas ortopédicas para que me saliera puente. Las mías eran sencillas, pero las de una prima eran peor. Me acuerdo que le decían Robocob, sus pies los metía y sus botas además de ser duras, tenían unas varillas de hierro que le llegaban a la cintura. ¿Te acuerdas Tani? Que horror. Si no es por un lado, es por otro, pero que a todos le hacen Bullying, les hacen.

¿Por dónde iba? Ah sí, la batalla. Bueno, ese día íbamos a llegar tarde. Cosa que no me afectaba porque como yo era “la reina” del lugar, podía inventar cualquier excusa y el portero me abría la puerta, motivo por el cual los demás alumnos también me tenían rabia. La noche anterior le dije al Gordo que llegara primero a mi casa para cargar las municiones. “Te traes el termo grande donde metes tu avena”, le dije. Yo por mi lado, abastecería de munición el termo donde guardaba los litros de Pony Malta que me daba mi mamá.

Con los termos listos llegamos a clase. Todos nos quedaban viendo, con sorpresa, rabia, ardides… pues ese día había examen y eran las 8 de la mañana pasadas y entramos como perros por su casa. Nos sentamos en nuestra mesa roja, también diferente a todas las demás, la mamá del Gordo nos la regaló, quería que estuviéramos cómodos, hasta cojines tenía. Siempre nos sentábamos adelante, frente al profesor, porque no me quiero ni imaginar lo que nos hubieran hecho esos niños en las filas de atrás, seguramente a mi mamá le habría tocado raparme el pelo por tanto chicle pegado. El profesor término de recoger los exámenes y salió. Yo sabía que como siempre, el próximo profesor se iba a demorar, así que le hice ojitos al Gordo y abrimos nuestros termos. Afuera llovía y los truenos nos estremecían, un ambiente más perfecto no pudo ser. Me levanté, mi Chita me siguió, y mientras Yusdary hablaba desprevenida, le tiré todo el contenido del termo en su cabeza.

Eran cientos, que digo cientos, eran miles de babosos y asquerosos sapos bebés. Eran sapitos miniatura que en época de lluvia encontraba en el patio de mi casa. Que asco, yo sé, pero quien la manda, estaba cansada de sus burlas y de todas las arrastradas que me pegaba. Yusdary quedó en shock, mejor pongamos: perpleja. No les miento, “la pelaita e’ mierda” se lo merecía. El Gordo, orinado de la risa al verle la cara de espanto a la morena, tiró su termo al piso. Y su termo que también era 5 veces más grande que el mío, desparramó los sapos por todo el curso. Los gritos de los niñas vencían el ruido de los truenos, brincaban asqueadas y los otros niños malosos recogían los sapitos del suelo y se los tiraban encima. Fue un desastre. Yusdary me fulminó con la mirada y se abalanzó sobre mí, pero mi soldado, El Gordo, se puso en la mitad para protegerme del ataque, mientras yo me montaba en la mesa roja y con mis botas ortopédicas, con suela de hierro, empezaba a patear a todo el que se me acercaba.

Tarzan y Chita se defendieron, pero la sonrisa traviesa se les quitó del rostro al darse cuenta del tamaño de la selva. Los tenían acorralados. Pero a lo lejos se escuchó el rugir del rey León, era el profesor, que al escuchar el escándalo llegó corriendo a calmar a las fieras. Al ver es desastre de sapos, el hombre corrió donde la rectora. “Cállenseeeeeee”, gritó. El silencio fue sepulcral, con la única interrumpió de los mil cruac, cruac, cruac, de mis adorados anfibios.

-¡Fue ella!- gritó Yusdary señalándome con su dedo gordo con forma de tamarindo.

– ¿Yo? ¿Yo? me está calumniando profesora. – respondí.

– Sí, sí, fue ella y el Gordo Mario.- dijeron los otros niños.

A caballo me escapé de ahí, así como en las películas, sólo que el lomo era el de mi adorado Gordo. Yo estaba en la mesa roja y lo primero que hice fue tirarme le encima y decirle: “correeee”. Llegamos a la portería y le invente a Lucho, el portero, que me había partido el pie. Cuando él nos abrió la puerta, me bajé de mi “caballo” y empezamos a correr, a lo lejos escuchaba el gritó de la directora y el regaño que le estaba haciendo a Lucho. Unas cuadras después, cuando el cansancio venció el impulso de la adrenalina, nos tiramos al suelo a reírnos, locamente, la barriga nos dolió, y lo mejor, todo fue bajo la lluvia. ¡Qué hazaña! Buen recuerdo la verdad, no sé que es de la vida del Gordo, seguramente ya no lo es, fijó optó por el Bypass o es cliente de Jorge Hané- Reduce Fat Fast.

La que sí no se rió, (frente a mí) fue mi mamá. La rectora llamó de inmediato a mi casa y antes de que yo llegara me estaba esperando con la chancleta en la mano.

– ¡Carolina, ya lo sé todo, entra! – me ordenó.

Yo negué con la cabeza.

– A la una, a las dos… Como llegue hasta tres te pego más duro- me amenazó.

Corrí como una gacela y sólo me alcanzó a rozar. Ardida por no haberme podido pegar, me tiró la chancleta. Yo la esquivé al estilo Matrix, pero mientras me retorcía en cámara lenta y la veía pasar, venía la otra chancleta a toda velocidad y alcanzó a pegarme. Mientras seguía corriendo veía una sonrisa en la cara de mi mamá. Ella me quería pegar para “educarme”, pero en el fondo estaba orgullosa de la hazaña de su hija. Llegó mi papá, y ahí sí que no se me movió ni un pelo de miedo, nunca nos pegaba, su único castigo era halarme la oreja y no dejarme montar a caballo. Seguramente mientras yo no estaba cerca se rieron a carcajadas de la travesura de su hija, yo lo haría. Ojalá que lo que salga de mi vientre haga algo parecido a eso.

Me vine a vivir a Barranquilla, todavía estaba pequeña y aunque no lo crean, inocente, hacía travesuras pero era una idiota, bueno, eso no ha cambiado mucho. En la ciudad el problema era otro, en esta selva no me hacían racismo de ninguna clase, aquí la mayoría era de mi mismo color de piel. Mi colegio es de monjas, por ende de solo mujeres, y ¿qué creen ustedes que odian todas las mujeres? Ajá, eso, acertaste: La gordura. Les tienen pavor. No me incluyo porque yo no engordo ni con transfusión de grasa. La otra cosa por la que molestabamos acá era por ser ñoña (nerd), y como yo más mala alumna y desordenada no pude ser, no me podían molestar ni por una cosa ni por la otra. El caso es que yo era flaquita y sólo hacía travesuras como amarrale los cordones a las amigas para que se cayeran al levantarse de las sillas, y tirarles papelitos con el tubo que quedaba del lapicero cuando lo destrozaba. Yo no me metía con nadie, sólo veía como las demás le decían insultos a las gorditas. Lo que no soporté fue cuando unas de las gordas, ardida porque le decían así, se quiso desquitar conmigo.

– Que flaquita eres, pareces un palillo.- me dijo Natalia.

Me le reí en la cara.

– Oye tú verdaderamente eres descarada. ¿No te has visto en un espejo? Me pregunto de qué tamaño será el inodoro de tu casa para que te pueda soportar el tamaño de ese cuuuu…

Todo el mundo hace Bullying, tanto los que lo hacen como a los que se lo hacen. En todos los ámbitos. Puedo imaginarme perfectamente lo difícil que sería para un niño gay estar en un colegio lleno de hombres machistas. Debe ser horrible, y más si es amanerado con voz de niña y costeño. ¡Ah! pero quiero que sepan que ser gay no quiere decir que sean Maricas. Un amigo me contó que un gordo le pegaba en el colegio. Años después mi amigo entró al gimnasio a tirar hierro y un día se encontró al gordo en la calle, “le di una muñequera, es que la venganza es dulce. Tantos golpes que me dio en el colegio, me tenía que desquitar. Y para rematar luego me enteré de que había salido del closet, ¿que tal? el pelao en el colegio le pegaba a otros para tapar sus inclinaciones sexuales”, me dijo. Ven, es diferente ser gay a ser marica. Gay es ser homosexual, marica= pendejo.

Ahora el que lea esto no venga a decir que soy racista, homofobica y otras cosas. No, nada de eso, todo lo contrario. Sólo que las burlas le ocurren a todo el mundo, unos dejan que se la monten, y otros los esquivan y se le montan encima. Nadie quiere que jodan a sus hijos, así que preparenlos, no para que jodan, sino para que no se dejen joder. Defenderse se le llama a eso. Que bueno todas las campañas contra el Bullying, ojalá la niñez cambie un poco, pero antes de exigirle a tu hijo que sea valiente y se defienda de los abusos, pregúntate si tú lo haces, o no, mejor le preguntamos a tu jefe.

El lema que hay que decirle a los niños es: “No Jodas a nadie, pero tampoco te dejes joder”.

Aquí les dejó un video que explica muy bien lo que digo jaja. http://www.youtube.com/watch?v=oIAba1uOkOA

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