¡Léete cincuenta sombras por favor!

20130119-201927.jpg

-No puedo imaginar mi vida sin ti, Christian. Te quiero tanto que me da miedo.

– Yo también- Me estrecha con fuerza entre sus brazos y hunde el rostro en mi cabello- nunca dejaré que te vayas.

Recuerdo mi vida antes de Christian, todo era blanco y negro, ahora mi vida entera es en colores saturados, ricos y brillantes. Estoy planeando sobre un rayo de luz deslumbrante, la luz deslumbrante de Christian.

Y con palabras como esas, la escritora británica E.L. James te hace soñar, soñar con un amor que lo tenga todo, con un amor que te llene toda. Soñar con amar y sentir desbordante pasión por la misma persona. Soñar con un hombre que te derrita con su mirada y que a su vez tú lo desarmes con tu sonrisa. Soñar con alguien que te complemente, con un amor incondicional que te acepte con lo oscuro y lo luminoso. “Uau”, que utopía.

Cincuenta sombras de Grey es una trilogía que describe la relación entre una recién graduada de la universidad, Anastasia Steele, y un joven magnate de negocios, Christian Grey. Esta novela erótica encabeza la lista de best seller en el mundo, vendiendo más de 31 millones de copias, estableciendo el récord como la edición de bolsillo de ventas más rápida de todos los tiempos, superando a la serie de Harry Potter. Cosa que yo no sabía hasta después de que me gritaran las palabras que conforman el título de este artículo.

Iba a ser un fin de semana normal, pero una llamada lo cambio todo. Era un amigo pernicioso que nos invitaba a una amiga y a mí al desfile de balleneras en Cartagena.

Llegamos a las 12 en punto, pero nos encontramos con que su yate ya había zarpado. Tristes, estábamos a punto de devolvernos pero de repente lo vimos, a lo lejos nos levantaba los brazos saludándonos. Acercó el yate al muelle, nos tendió la mano, y entramos con una sonrisa de oreja a oreja.

Inmediatamente me incorporé en mi personaje de “colágeno” y empecé a saludar a toda su familia. Ese apodo me lo pusieron pues siempre que me invitan a sus paseos marítimos, me integro con todos y bailo con los tripulantes de todas las edades. Así que apenas me vieron a bordo, me saludaron con cariño, y yo les devolví un abrazo con el mismo sentimiento.

André (Champagne), fue mi acompañante en todo el paseo. La amplia sonrisa que me achicaba los ojos denominaba mi felicidad, es que me encanta ver la majestuosidad del mar. Como siempre no le presté atención al desfile de reinas, aunque lo que sí quería tener en mi estómago era un “brazo de reina” (pudín), pues no habíamos alcanzado a almorzar.

A mi lado se encontraba una pareja de esposos, y en menos de media hora ya me había hecho íntima amiga de ellos. La señora Robinson como le pondré, estaba feliz hablando largo y tendido conmigo. Al rato me aburrí de tanto viejo y fui a la proa a reunirme con gente de mi edad, saludé enérgicamente y empecé a embadurnarme de bloqueador, haciendo caso omiso a las burlas de mis amigos sobre mi “color dorado”.

Era un grupo grande pero yo me limité a hablar con los que conocía, y así pasé hable que hable, ría que ría y tome que tome. Al rato mi amiga se me acerca y me dice que el hombre que tenemos en frente, me está mirando fijamente desde que me senté. Dejé pasar un momento y levanté la mirada, porque yo sí se mirar disimuladamente. Al hacerlo veo a un hombre atractivo y para mi sorpresa todavía me seguía mirando, de inmediato bajé la mirada, pero ya era demasiado tarde, ya habíamos hecho contacto visual.

Muy joven. Y atractivo, muy atractivo. Alto, con un elegantísimo traje gris, camisa blanca y corbata negra, con un pelo rebelde color cobrizo y brillantes ojos grises que me observan atentamente. Necesito un momento para poder articular palabra…

Si este tipo tiene más de treinta años, yo soy bombera. Le doy la mano aturdida, y nos saludamos. Cuando nuestros dedos se tocan, siento un extraño y excitante escalofrío por todo el cuerpo. Retiro la mano a toda prisa, incomoda. Debe ser electricidad estática. Parpadeo rápidamente, al ritmo de los latidos de mi corazón…

Siempre resultará alargador saber que alguien gusta de ti, y como se expresa en los párrafos de arriba, Anastasia sintió una química desbordante desde el primer momento en que lo vio y cruzó tres palabras con él, lo mismo que sintió Christian al estar cerca de ella. Eso es una sensación que pocas veces llegamos a sentir, y como hoy sigo soltera, entenderán que no la sentí con aquel hombre, aunque era muy atractivo. No se a qué se deba sentir o no sentir química con alguien, solo creo que hay una gran diferencia entre ser atractivo y ser encantador. De lo primero podría encontrar a muchos, pero de lo segundo, a pocos. Y no necesariamente para ser encantador tiene que ser lindo físicamente.

Luego de la química que Anastasia sintió a primera vista, en el segundo libro nos muestra como se convirtió en amor a segunda vista: Conocerlo han sido todo un proceso de aprendizaje. He descubierto más cosas sobre mi misma en las últimas semanas que en toda mi vida anterior. Con él he aprendido sobre mi cuerpo, mis límites infranqueables, mi tolerancia, mi compasión y mi capacidad para amar.

El hombre animado por los tragos se atrevió a sentarse a mi lado, y empezó preguntándome cosas simples cómo: “¿Dónde estudias? ¿Dónde trabajas? ¿Tienes NOVIO? Etc… Para mí son las preguntas más hartas que me podría hacer un hombre para conquistarme, me gusta la originalidad, algo como: “hey yo te he visto en algún lado, ah ya sé, tu eres la hija perdida de los Kidman, la hermana de Nicole”… Ahí se me iluminaría la cara y me reiría a carcajadas, eso sí sería un buen comienzo.

En fin, para este hombre yo no era una total desconocida, me dijo que él era primo de mi amigo, y que me había visto en un paseo marítimo pasado, pero que ahí él tenía novia. Además que su mamá me amaba, que era Juanita de los Palotes, la que me había puesto el apodo de “colágeno”. Es incómodo que alguien te conozca y tú no te acuerdes quien es. Las desventajas de tener memoria de pollo, es que saludas a alguien como si lo acabaras de conocer y ese alguien te dice que ya te conoce. Es que si no eres encantador, no se acordaran de tu nombre, o bueno sí, pero comenzando con un cero a la izquierda. Por eso a esta imitacion de Christian Grey lo llamaremos 0José.

Me aburrí de ese charlatán. Lo acababa de conocer y ya me quería invitar a mil planes en su velero, en su cuatri moto y en sus caballos, intentando deslumbrarme. Inventé que necesitaba buscar algo y me fui a la popa para seguir hablando con los viejos. Apenas me vio, la señora Robinson se alegró y me brindó champagne mientras bailábamos enérgicamente. Al rato tenía a 0José al lado mío, se sentó, se sirvió un trago y me siguió mirando fijamente. Y como lo hacía sin disimular, la señora Robinson se dio cuenta y empezó a “metérmelo por los ojos”.

– Querida Caro, mira como te está mirando 0José, se nota que gusta de ti. Ven vamos y hablamos con él, yo conozco a toda su familia, es un partidazo.

– Señora Robinson, es que no me gusta su forma de ser. Y sí, no le niego que sea un partidazo, pero para otra, no para mí.

De repente se apagó un motor y todos los jóvenes se vinieron a la popa a ver lo que sucedía, pero nosotras hicimos caso omiso a los problemas mecánicos y seguimos bailando. Pero tuve que parar, me empecé a marear, la mezcla de champagne, no haber almorzado y el movimiento tambaleante del yate hizo un efecto desastroso en mí.

Después de unos minutos arreglaron el motor y arrancamos, mi cabeza daba vueltas. Me sentaron y me dieron agua, 0José parecía mi enfermero y la Señora Robinson mi mamá. De repente sentí un chaparrón de agua helada que bañaba todo mi cuerpo, llegando ese agua fría a lugares muy íntimos. Es la hora y se me eriza la piel de sólo acordarme. La Señora Robinson me tiró un balde de agua con trozos de hielo que sacó de la cava. En ese momento la odié, pero luego la amé porque por ese “baño”, me recuperé de inmediato.

Rato después seguí; hable que hable, ría que ría pero no tome que tome. Después de ese chapuzón cualquiera recobra sus cinco sentidos. Y 0José seguía ahí, como un gavilán divisando a su presa. La señora Robinson se creía nuestra Cupido, cosa que me estaba aburriendo. Y al ver mi negativa con respecto a él, me agarró del brazo y me llevó a la cabina.

– ¡Léete cincuenta sombras, por favor! Ese hombre que ves ahí podría ser tu Christian Grey y tú lo estas desperdiciando. Lo tiene todo, es simpático, adinerado y con solo verle la sonrisa que pone cuando te ve, se nota que le encantas. ¡Prométeme que te lo vas a leer! Tú no sabes lo que yo habría hecho de mi vida sexual si hubiera leído ese libro antes de casarme con ese señor que ves ahí. Yo lo amo, pero me siento enjaulada, y tú que eres joven y bella estas desaprovechando la oportunidad de estar con ese “bollo”. Ese hombre vale la pena- me decía la señora Robinson.

– Ok, está bien, te prometo que lo voy a leer. Y bueno voy a dejar de ser tan prevenida y voy a hablar con 0José. Aunque yo no quiero un hombre que valga la pena, yo quiero uno que valga la alegría.

Nos abrazamos y salimos de la cabina. Al fondo se escuchaba la canción de moda e insignia del paseo: “si va a la discoteca siempre baila sola, ya todo le da igual, no sigue moda, se prende como fuego chica rompeolas”- 0José se acercó en el momento que la canción decía: “Ay ay ay y ay ay ay, quiero bailar contigo amarte a todas horas. Ay ay ay y ay ay ay Ven a bailar conmigo tú no bailes sola” – no pude aguantar la risa por tanta coincidencia.

– ¿Estás bien?
Jose ha salido del bar y se ha acercado a mí.
– Creo que he bebido un poco más de la cuenta – le contesto sonriendo.
– Yo también – murmura- sus ojos oscuros me miran fijamente – ¿te echo una mano?- me pregunta avanzando hacia mí rodeándome con sus brazos.
– José estoy bien, no pasa nada- intento apartarlo sin demasiada energía.
Con una mano me mantiene pegada a él, y con la otra me agarra la barbilla y me levanta la cara. ¡Va a besarme!
– Ana, por favor- me susurra, me agarra y me acerca a él.
– José, ¿qué estás haciendo?
– Sabes que me gustas, Ana, por favor.
– No, José, para… No.
Lo empujo, pero es todo músculos, así que no consigo moverlo…
– Creo que la señorita ha dicho que no- dice una voz tranquila en la oscuridad.
¡Dios mío! Christian Grey. Está aquí. ¿Cómo? José me suelta.

A mí me pasó casi igual que Anastasia. Su amigo José también quería besarla, con la diferencia de que en mi historia no hubo ningún Christian que me salvara, me tocó a mí sólita.

Bailamos un rato, y ahí me di cuenta que aunque un hombre sea un buen bailarin, cosa que es muy importante y añade un buen porcentaje a la conquista, no hay segundas oportunidades para causar una primera impresión. El cuento de la química es a primera vista, no a segunda. Y nuestro baile terminó cuando 0José intentó darme un beso. Lo esquivé, lo miré a los ojos, le dije: “lo siento”, y me fui a la proa acompañada de mi amiga que había visto toda la escena.

Ella se empezó a reír a carcajadas porque después 0José no me dejaba en paz. Yo parecía el “correcaminos” escapando del coyote. Me sentaba en tal lado y enseguida el susodicho se sentaba ahí mismo. Me paraba a bailar, y el cero a la izquierda se me ponía al lado. Al rato 0José se emborrachó, y menos mal que no me gustó, porque me hubiera tocado estar presente mientras vomitaba.

José y yo somos buenos amigos, pero en el fondo sé que le gustaría que fuéramos algo más. Es mono y divertido, pero no es mi tipo. Es más bien el hermano que nunca he tenido. Katherine suele chincharme diciéndome que me falta el gen de buscar novio, pero la verdad es que no he conocido a nadie que … bueno, alguien que me atraiga, aunque una parte de mi desea que me tiemblen las piernas, se me dispare el corazón y sienta mariposas en el estómago. Quizá he dedicado demasiado tiempo a mis románticos héroes literarios, y por eso mis ideales y mis expectativas con los hombres son excesivamente elevados – expresa Anastasia.

Voy por la mitad de la trilogía, el primer libro fue magistral. E.L. James, me encanta la forma como detallas cada sensación, “uau”, parece que de verdad estuvieras contando tu propia historia, y si es así te envidio. Vieja, eso que dices es lo que todas alguna vez hemos soñado. Es una novela mágica, que atrapa al lector, obviamente el sadomasoquismo no es de mi agrado, pero la forma como lo narras, como demuestras que hacer algunas, no todas, de las cosas en las que se basa ese estilo de vida, con un hombre que amas puede ser alucinante.

Yo también deseo encontrar un hombre que sea mi alfa y mi omega. Que con sólo mirarme me haga sentir mariposas revoloteando en mi estómago. Que cuando me abrace, mi menudo cuerpo quede absorto en sus musculosos brazos, y que mientras disfruto de su aroma embriagador, me sienta segura, apreciada y amada. Deseo un hombre que en cualquier momento me agarre por sorpresa y me de un beso que mezcle amor y pasión. Y que me excite con lo más importante, unas buenas neuronas, que me rete, que compartamos puntos de vista y si no llegamos a un acuerdo, vayamos donde la mejor conciliadora, la cama.

Les recomiendo a todas las mujeres que se lean este libro, y a los hombres que quieren saber cómo conquistar a una mujer, también. Aunque es una lástima estar soltera al leer este “manual de sensaciones”, porque la verdad sería muy bueno practicar cada lineamiento que esboza su escritora, pero con un Christian, no con un José. Así qué mientras llega el que es, sigamos viendo novelas, películas y leyendo libros donde nos visualicemos siendo esos personaje que siempre tienen un final feliz. Y no ames a una persona solo por el hecho de creerlo perfecto, sino que lo veas perfecto simplemente porque lo amas.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s