Cuando me hables mírame a los ojos

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“Temo el día que la tecnología sobrepase a la humanidad, el mundo se convertirá en una generación de idiotas”. Albert Einstein.

La necesidad por la inmediatez y acortar distancias han hecho que la humanidad pase de usar caballos a carros, de carros a aviones, y de aviones a cohetes, pues muy pronto Space Adventures, una compañía rusa que está gestionando el turismo espacial. Se venderá tiquetes para que las personas del común puedan realizar una caminata espacial. Por eso, si desde pequeño soñabas con ser astronauta, esta es la oportunidad para semi-cumplirlo, solo que para flotar en el espacio tendrás que desembolsar quince millones de dólares, nada más.

La tecnología avanza a gran velocidad. Cada vez nos acercamos más a la época de los Supersónicos, época que hace años veíamos lejana y fantasiosa, pues creer que comunicarse a través de un video estando a cientos de kilómetros era utópico, como lo era hace siglos creer que la tierra era redonda, o como hace 217 años creer que un aparato que pesara toneladas pudiera volar.

Alexander Graham, el inventor del teléfono, nunca se imaginó que aquel aparato que diseñó para acerca a los que están lejos, alejaría a los que están cerca, pues esa cajita mágica que nos comunicaba conectada a un cable, hoy se han convertido en un pequeño aparato portátil y transformado por las personas en el “amor de su vida”. Sí, ahora los celulares son nuestra inseparable pareja, porque sentimos la necesidad de verlo y tocarlo a cada momento, ya sea para ver cualquier red social o mandar un mensaje instantáneo, porque eso de llamar pasó a un segundo plano.

Ahora los celulares lo tienen todo: grabadora de video, cámara fotográfica, reproductor de música, televisión e internet. Solo falta que los nerds sistemáticos revivan a Steve Jobs, tipo Frankenstein para que se invente un láser contra atracadores, uno que se parezca a las inolvidables espadas de Star War. Hoy en día los celulares se han convertido en un vicio necesario, es el nuevo opio del pueblo desbancando a la religión.

La gente está tan apegada a este aparato que algunas veces se han hecho matar para protegerlo, dan su vida por su “amor móvil”. Los celulares crean adicción, dependes de él a tal grado que no tenerlo en tus manos o cerca de ti, te genera angustia, estrés o desesperación. Pero la solución no es dejarlos de usar, es saber en qué momento se debe usar, porque es de retrógradas ir en contra de cualquier avance.

Hoy puedo decir que estoy curada de ese vicio, bueno, no tanto pero ya estoy en rehabilitación. Acepte mi adicción en el momento que me di cuenta que estaba obsesionada con el pitido del celular que avisa la llegada de un mensaje. Me desesperaba cuando no lo escuchaba. Llegué al punto de que así estuviera en el baño, tenía que sacar la cabeza de la ducha solo para ver si por las gotas del agua al caer, no lo había escuchado.

Las actualizaciones de las redes sociales y las conversaciones instantáneas se volvieron una necesidad. Hace poco me fui de viaje y se me olvido el celular. El primer día me quería volver loca, pero a medida que pasaba el tiempo la ansiedad fue disminuyendo. Duré una hermosa y liberadora semana sin celular. Nadie me podía contactar, sinceramente no me hizo falta, me remonté a mi niñez y me sentí libre. Desde ese día, soy otra, ya no le presto TANTA atención al celular, porque mentiría si dijera que NINGUNA.

Ahora la enfermedad de moda es el síndrome del túnel carpiano. Mi abuela a cada momento nos recuerda a sus nietas que nosotras la podríamos padecer.
– ¡Ajá! ¿Ustedes vienen a visitarme a mí o a hablar por lo chócoros esos? Cuando sean viejos como yo, van a tener las manos así ve (dobla los dedos de la mano en forma de garra). Jaja, es que a veces los celulares se convierten en un paracaídas cuando no hay más tema de conversación. Pero si por el contrario, cuando estas conociendo a una persona esta saca su celular y te deja hablando sólo, lamento decirte que esa persona no tiene ni el más mínimo interés en ti.

Por ahí anda rodando una foto que demuestra que esta generación se ha convertido en un montón de estúpidos que no practican eso de: “las relaciones ínterpersonales”. Ahora los jóvenes no hablan entre ellos, los celulares hablan por ellos. Cómo es posible que al visitar a tus padres, no los mires a los ojos. Como dicen los míos: “eso es una falta de respeto”. Y tienen razón. Esta es la generación de los cabizbajos, por eso se me ocurrió hacer una campaña y espero el apoyo de los que como yo, estamos superando el vicio. De ahora en adelante cada vez que hablemos con un cabizbajo gritémosle: ¡hey! Cuando me hables mírame a los ojos.

¡Ah! y un consejito, una llamada vale más que mil mensajes.

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