El amor de mi vida

Conocí a un hombre maravilloso hace algún tiempo, y me tiene tan enamorada que cada vez que lo veo no me puedo contener, así que me le lanzo encima como una garza se lanza al agua para consentirlo y abrazarlo hasta más no poder. Lo conocí cuando tenía cinco minutos de nacida y aún estaba bañada en líquido amniótico. Le digo “Pupu”, y sí, ya sé, ese apodo suena algo excremental, pero es que creo salió de ahí. Según mi mamá, mi papá era quien nos daba el tetero, nos echaba cremita número 4, y nos limpiaba el “pupú”.

Mi Pupu nunca nos pegó con correa, ni con chancletas voladoras, a diferencia de mi mamá, que parecía Rambo tirando balas mientras nosotros las esquivábamos tipo Neo en Matrix. El único día que mi Pupu me pegó, si a eso se le puede llamar pegar, fue cuando me tiré a nadar en el jagüey de la finca y después de rescatarme de casi morirme ahogada, porque las algas del fondo se me enredaron en mis pies, me pegó con una seca y aguada tuza de mazorca. Obviamente por la malicia indígena aguanté la risa e hice cara de dolor para que creyera que en efecto me estaba castigando.

No nos pegaba, pero para ejercer más presión en ese trio de gamines pelirrojos que tenía por hijos, decidió que debía jalar las orejas, o en su defecto, amenazar con jalar las orejas, una de dos, todo dependería de la gravedad de travesura. Horas antes de que se me ocurriera escribir ese post, un amigo me dijo que él era del mundo, que no estaba amarrado a ningún regionalismo ni nacionalidad, y que entonces por eso “yo no soy de aquí ni ni de allá”.  Al escuchar esa última parte de su expresión, no pude no acordarme de mi Pupu, porque él nos decía algo así cuando la travesura no era tan grave:  “compórtense (carajo) que les voy a dar un jalón de oreja que no van a quedar ni aquí, ni allá”. Lo de carajo lo puse entre paréntesis para que sonará a regaño, porque de mi Pupu no he escuchado malas palabras, lo que sí dice y que podría parecer un madrazo es su “maldinga sea”, que suelta cuando se machuca el dedo gordo con el martillo.

La única vez en mi vida que lo he visto iracundo de rabia, fue cuando mi hermano, cansado de que en el colegio lo molestaran diciéndole apodos por tener el pelo rojizo, se lo tiñó de negro azabache. Llegó a la casa con un sombrero vueltiao’ tratando de ocultar su nuevo look, pero lo que no pudo ocultar fueron las patillas negras, así que mi Pupu al verlo, presintió lo peor y cuando le arrancó el sombrero vio el tremendo espectáculo. El odia a los “pelo pintaos”, así que le advirtió: “mira César Augusto, te me vas a rapar ya mismo, antes de que te pegue una cachetá que no vas a quedar ni aquí ni allá”. A la hora, mi hermano llegó casi calvo.

Mi Pupu es un peligro andante cuando está con unos tragos, tanto para la gente, para él, y para el pobre caballo blanco que lo esté llevando en su lomo. Se transforma en el llanero solitario, y se monta, sin mentirles, en la terraza de cualquier casa donde vea señoras elegantes relajadas hablando cháchara en sus mecedoras. Puya al caballo en las costillas y con un “jea”, grito usado en el campo para arrear vacas, les tira el caballo encima, y mientras se ríe a carcajadas, las señoras con sus “polleras” empiezan a gritar y a correr como gallinas cluecas. “Cesarito, mijo, bájate de ese caballo”, le gritan preocupadas las señoras, entre ellas su mujer, su suegra, sus hermanas, sus tías y su hija mayor, la única mujer que no le dice que se baje soy yo, porque seguramente estoy a su lado, también en un caballo, festejándole sus sanas diversiones.

“Te amo mi chica”, me dice tiempo después al bajarse del caballo, y no solo a mí, le demuestra infinidad de cariño a todo el que esté a su alrededor. Mi hermano dice que él es el único macho que ama a otro macho, pero es que no es para menos, es totalmente entendible, ningún ser vivo podría resistirse a no amar a mi papá. Él es un contador de chistes flojos, de esos que repite una y otra vez y se ríe cómo si nunca los hubiera contado. Es un amante de la naturaleza, ama la tierra como a su vida misma, y es tan buen padre que se quitaría el pan de la boca para dárselo a sus hijos.

Un día dicen que lo vieron llorar mientras le pegaba puños a la pared por la frustración que sentía, fue el día que a mis seis años, se desbocó mi caballo y al caer, tuve una fisura en el cráneo. Me llevaron de urgencias al hospital, y allá, el regalo que me llevó fue una vaquita que se le levantaba la colita y se ordeñaba. Después de eso, siempre tuvo miedo de que yo corriera carreras a caballo, así que me mandaba con un vigilante, pero fue en vano, porque galopar en un caballo se siente como estar en la proa del Titanic, y nadie podría resistirse a esa sensación.

En todos los cumpleaños, sea de quien sea, da serenatas a las 5 am con una pequeña acordeón desafinada, porque su sueño siempre fue o ser rejoneador o ser acordeonero y tocar al lado de Enrique Díaz y Alejo Duran en el Valle de Upar, y decirle un viernes a Ana, su mujer: “hasta el jueves”. Mi Pupu cumple años hoy 16 de junio, una excelente fecha porque también es el mes del padre, pero estoy segurísima de que si hubiera nacido un mesecito más tarde, el 16 de julio, el día de su patrona La Virgen del Carmen, habría sido el hombre más feliz del mundo.

Pupu, hoy de regalo te quise escribir, pero el otro año, de pronto te regale eso que siempre me has pedido que haga para que te infles de orgullo. Es que mi Pupu no se inflaría tanto de orgullo si su hija publicara su novela, ni que gerenciara una multinacional, ni que creara empresa, nada de eso, a él le encanta mi voz, y desde que tengo uso de razón, desea verme cantar en el festival de la música de San Estanislao de Kotska, y que por supuesto, le mandé un saludo: “para el amor de mi vida”.

El día que se inventó la frase “nobleza en pasta”, estoy segura de que el creador se inspiró en mi papá. Para otros, de pronto mi Pupu no está ni cerca de ser el hombre ni el papá perfecto, pero por la sonrisa que se posa en mi rostro cada vez que lo veo, me doy cuenta de que para mí es “dieciocho veces” el mejor papá de la galaxia entera.

Feliz cumpleaños, y feliz día del padre.

Att:

La chica que te ama.

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