Confunde y reinarás

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Para conquistar Pedro utilizaba una táctica algo particular y ambigua.  Hacerse el marica.

Decía que al hacerlo las mujeres se deshinibian y actuaban sin actuar.  Eran ellas en todo su esplendor, se reían a carcajadas sin disimular los altos desiveles porque no tenían que aparentar nada al estar frente al de la canoa mojada.  Después de un rato,  cuando él sentía que se había ganado su confianza empezaba la cacería. Les cambiaba el discurso cursi y se mostraba muy varonil, en ese momento ellas experimentaban una confusión sexual y sus neuronas se estrellaban unas con otras intentando descifrarlo.

– Si él es gay, ¿por qué me está coqueteando?”
-¿Será que soy tan espectacular que hasta puedo llegar a cambiar la naturaleza de un marica?
-Lo excito, sí ¡eso es! No puede resistirse a mis encantos.
– Le gusto tanto que… !oh no puede ser!  Lo enamoré.

Y otras cursilerias que obviamente no estaban ni remotamente pasando por la mente de Pedro. El solo quería sexo, y del bueno, con las turistas que paseaban en el crucero donde él trabajaba como fotógrafo. Él les decía las frases típicas de un Don Juan, con movimientos amanerados pero al fin y al cabo Don Juan, ellas parpadeaban ardientes al descubrirse las salvadoras de la virilidad masculina y lo besaban, y se lo tiraban con una lujuria explosiva.

Él decía que el sexo era además, ardiente, liberador y con la luz encendida. No se acomplejaban por su cuerpo, al contrario, las notaba extasiadas porque se sentían deseadas, y eso señores, eso es el afrodisiaco más potente y mejor recompensado que le pueden dar a una mujer. Pedro era un puto que no le importaba ni la edad ni los kilos de más. Para él la comida no tenía peros, y así paso una larga temporada, hasta que descubrió algo que escribiré en le primer párrafo de la segunda parte de esta historia.

Pedro es hijo de un banquero y una azafata de vuelos internacionales, y esperaría que para completar esta historia su nacimiento haya sido en un avión, o en su defecto,  su fecundación haya sido en el baño de uno.  Porque déjenme decirles señores progenitores, que “Avión” debería ser el segundo nombre de su adorado Pedrito. Según sé,  ustedes por querer encarrilarlo en una vida normal y digna, lo obligaron a estudiar una carrera administrativa, pero un día entendieron que ese no era el rumbo que el elegiría cuando le preguntaron.

– Pedrito,  ¿cuantos años tienes que estudiar para graduarte de administrador de empresas?

– Cinco papá.

– !Que bien! ¿Y cuantos años son los que te faltan para culminar?

– Unos ocho.

Su mejor amigo de la universidad, lo admiraba. Veía en Pedro, un hombre sagaz, listo, apuesto, charlador, alegre, divertido,  y eso era de admirar.  Un día Pedro decidió retirarse de la carrera que juntos estudiaban y le dijo:

– Jaime, si sabes contar, no cuentes conmigo mi hermano porque me largo de esta vaina.

– ¿Al fin te vas a estudiar biología marina?

– No, mi padre me dijo que el no iba a gastarse su dinero en una carrera tan péndeja.  Se burló de mí diciéndome “Aquaman, el salvador de los pescaitos”.  Yo me voy a ir así sea de mesero en un crucero, estoy decidido, no puedo estar alejado del mar, eso es lo que me hace feliz.  Ahí ahorraré el dinero para la carrera, pero primero me voy a dar dos años sabáticos para…  Gozar la vida.

Esta historia de la vida real continua…   Lee la segunda parte aquí: https://lunaticaro.wordpress.com/2015/03/31/confunde-y-reinaras-parte-2/

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One thought on “Confunde y reinarás

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