Peló el guineo

Mi nuevo hogar es una una pequeña pero hermosa ciudad en el caribe colombiano, llena de historia y romanticismo. Ciudad que escuchó mi primer llanto y donde me dieron la primera nalgada. El hospital de donde salí del vientre de mi madre queda cerca de un campito de baseball al que le tengo pavor desde que llegué. Todos los días voy a comer una deliciosa pizza que venden en la esquina, y al regresar veo como las bolas caen en la acera a toda velocidad después de traspasar la diminuta malla que DEBERÍA cubrir la calle. Las bolas caen por doquier, es que un día de estos va a descalabrar a alguien.

Ayer literalmente esperé media hora a que se acabara el partido para poder pasar. Vi en el transcurso de ese tiempo como unas tres pelotas blancas, irrumpían la tranquilidad de la calle y caían en la acera, porque solo uno que otro jugador bateaba bien y la mandaba de home run al mar. Cuando hubo un lapso en el juego y por fin pude llegar a la casa, luego de correr de esquina a esquina por el pánico de un inminente zipotaso, el portero del edificio me dijo que ya le han puesto veintemil tutelas para que suban la malla y nada. Las bolas le han partido los vidrios a los carros, a las ventanas de los edificios pero nadie se inmuta, “porque aquí en CaCtagena no le paran bolas a ná, verá usté que corren es cuando haya un muedto”.

Llevo una semana aquí y me he encontrado con rey mundo y todo el mundo. En verdad parece que tuviera un letrero de Neón en la frente. Letrero que además me atrae a situaciones chistosas, porque no me he dejado de reír desde que llegué. El primer día, después del trabajo, se me dio por caminar en la playa, encarterada y con los tacones en la mano para ver el atardecer. Al percatarme que mis pies estaban sucios de arena pegajosa, divice el edificio de un amigo que tiene una fuente en la puerta y, apenada… JÁ… Esperé a que el portero se descuidara y me enjuague los pies. No había terminado de hacer mi hazaña cuando un carro me sonó la bocina. “Primitaaaa, tu que haces por acá.

Esta ciudad tiene una magia sin igual. Todos los días tiene algo nuevo que regalar. Amaneceres, atardeceres y anocheceres de admirar. Y la gente, es una cosa de otro mundo, comenzando por los taxistas, a excepción de algunos hps que le quieren cobrar a uno como si fuera turista, otros como Manuel, dan ganas de llamarlo todos los días para que sea tu chofer. Me contó la historia de su vida y me dedicó mil poemas. ” Mira esa paRmera como menea su cuerpo al caminar…” solo me acuerdo de lo de Parmera.

Y porteros, porteros que te hacen el día. Tanto, que caí al piso del ataque de risa que me dio al escuchar un cuento que estaba recitando Pedro con mucha emoción.

– ¿Niña Caro, usté no se sabe el cuento del Muedto resucitao’?

– ¿Andale, nada Pedro cual es ese?

– Imagínese usté, que se murió un tipo a allá en Ternera, y los familiares lo enterraron con anillos y con cadena de oro. Pero uno de los invitados que fue al sepelio vio la vaina y se pintó la jugada. A media noche, en compinchería con un valesita de él entraron al cementerio, con una pica abrieron la lápida y cuando abren el cajón, se levanta el muedto. Mire vea, los ladrones salieron esmandaos a correr. Cuando el muedto, que estaba vivo, se da cuenta de que está en un cajón, en un hueco de cementerio, se levanta con las mismas del susto y arranca a correr. Yerda y que cuando los ladrones voltean y ven al muedto corriendo detrás de ellos, se van en churria y aprieeeetan. A todas estas en la casa del Dijunto lo estaban velando. Estaban todos reunidos haciendo el rosario cuando el muedto entra a la casa, con las mismas salió el poco de gente corriendo como alma que lleva el diablo. Eso gritaba la mujé, la mamá, la suegra, to el mundo, pero no de felicidad si no del zipote susto que se pegaron. A todas estas, yo no sé cómo habrá llegado ese vergajo a su casa, porque lejos sí que estaba. Imagínese usté, que tal uno de taxista se le monten al carro y le digan: lleveme a mi casa, que hoy Pelé el guineo en la mañana pero no estaba muedto, andaba de parranda.

(Yo no daba para pararme, estaba en el piso ahogada en risa no solo por el cuento sino por el acento típico cartagenero que me encanta).

– Imagínase usté, los médicos lo dieron por muerto y lo que tenía el tipo era la enfermedad esa que dieron en una novela, Tatalesia. (Catalepsia) Ese tipo debe darle gracias a los ladrones es lo que es. Eso debe ser muy maluco estar ahí encerrao. Por eso, por eso yo le dije a mi mujer que el día que me encuentre frío al lado de la cama, que me puye las costillas porque uno no sabe, tanto medico bruto que hay por aquí que vayan a enterrarlo a uno vivo.

Señores, yo no sé si ese cuento es verdad pero cosas así me alegran la existencia. Duré todo el día con una sonrisa en la cara y una risa pendeja cada vez que me acordaba del cuento. Tenía que escribirlo, lo que no sé explicarle es porqué carajos en la costa se dice “peló el guineo”. Por favor que alguien me diga la relación de una cosa con la otra.

Los dejo, no sin antes decirles que volereeee… eeee… volvereee.

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