Piel suprema

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Sí, pero supremamente blanca es la que tengo yo. Para que se hagan una idea, broncearme para mí sería como coger un lienzo blanco y tirarle un litro de pintura roja, que poco a poco se irá volviendo rosada pero por la cantidad de leche magnesia que me tengo que echar para poder calmar el ardor de la insolación.

De bebé me decían la palomita, era tan blanca que seguramente la enfermera que me sacaba la sangre me podía ver la vena a un metro de distancia. A medida que iba creciendo, atacada por la crueldad de los niños llegaron ápodos como “rana platanera”. Eso obviamente porque yo era como la mosca en la sopa, ya que la gran mayoría de costeños son morenos.

Un día, aburrida de que me dijeran cachaca siendo yo más costeña que la Kola Román, dejé de echarme el bloqueador que me metía mi mamá en la mochila para la playa y empecé a usar bronceador. Tenía la meta de volverme “piel canela”. Me tiraba a la par de mis amigas en la arena como la propia babilla, embadurnada de bronceador para dejarme acariciar por los rayos inclementes del sol. La consecuencia: un día quedé tan roja y adolorida, que preferí dormir de pie a acostarme en la cama y con las gafas pintadas. Y bueno, después de tantos intentos fallidos de coloración natural, desistí. Ahora me toca convivir con nuevos apodos como: “escupitajo de mini chips”, porque soy 70% agua y 30% pecas.

Me cansé de escuchar: “Quedaste roja como un tomate”, al final de cada intento de bronceado. ¡Qué rabia! Y yo deseando escuchar un: “mira su color dorado, tan intenso”. Por eso ya hace varios años, cuando maduré y comprendí que si no me acepto como soy no llegaré a ningún lado, decidí que nunca más me iba a broncear. Por mi salud física y mental, me tocó aceptar que sí, soy una blanca rana platanera, y que no puedo dañar mi piel simplemente por encajar en el prototipo de belleza que nos muestran en la televisión.

Toca aceptarse como Dios nos trajo al mundo. No todas las blancas cogemos color, y las pelirrojas menos. Somos minoría, de hecho menos del 2% de la población mundial lo somos. Así que ahora cuando voy a un paseo y mis amigas se untan bronceador por todo el cuerpo con un movimiento sexy, pues sus manos se deslizan con el aceite sobre su piel canela, yo, en cambio, estoy a dos metros de distancia bajo una carpa, con un sombrero en la cabeza y debajo de una sombrilla untándome un litro y medio de espesa crema blanca. Porque hasta el resplandor me quema.

Ahora hablando más seriamente, cuando nuestro cuerpo y mente salen de vacaciones con destino a un lugar cálido, donde el mar y la piscina contribuyen a la más deliciosa relajación de los músculos, es cuando donde nuestra piel se expone más, por eso hay que cuidarla para que no sufra los ataques del sol y sus dañinos rayos UV que pueden afectarla, algunas veces de manera irreversible. Pero tranquilos, aquí estoy yo para ayudarlos, porque en el arte de cuidarse la piel, creo soy una experta. Es que me toca, porque la mía es muy delicada, se irrita por cualquier cosa y odia el sol.

Aquí vengo a darles unos tips.

-Es indispensable siempre, así esté el cielo nublado, protegerse del sol. Sepan que los efectos de ese satélite con acumulativos. Evita lo más posible exponerse a él pues los rayos UVA y UVB se notaran a largo plazo.

– Lleva siempre un protector solar en el carterón para la playa.  Porque no es lo mismo broncearse que quemarse. Cuando la piel queda roja, es síntoma de estar irritada y quemada,  es decir que si una piel sensible continua exponiéndose, pueden ser la causa de un cáncer de piel.

– ENVEJECIMIENTO PREMATURO. Sí eso es lo peor, y quien lo causa es la bola amarilla que nos calienta. Por eso diariamente hay que aplicarse protector en las áreas que quedarán expuestas, y no solamente en la cara, sino en el cuello, en las manos y labios. Recuerda que esos son los puntos que más adelante, cuando tengamos 40 y pico, serán invadidos por las odiosas arrugas.

– Ves al dermatólogo, este te indicará, según tu tono de piel, cual es el factor de protección que debes usar. Y te examinará las manchas e imperfecciones que surgen por haberte expuesto al sol sin las debidas precauciones.

– Las cámaras bronceadoras NO deberían usarse. Los dermatólogos no las recomiendan pues sus efectos son nocivos, tanto o más que haberte insolado.

Al ver programas como Desafío 2013 me da nostalgia, la verdad me gustaría vivir esa experiencia de estar en África y ver a leones hasta en el desayuno, pero al ver a los nativos con su color azul turquí me hace recordar que por algo tienen la piel así,  porque les toca soportar 50° bajo sombra. Por eso les digo, cuídense del sol, TODOS, Sean blancos, morenos o asiáticos. Hagan como yo, que cuando escucho cualquier burla referente, cómo: ” Ven, bronceate, para que cogas $1.000 pesos de sol”,  les respondo: “No gracias, ¿cuándo van a entender que yo soy piel suprema?”.

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