Carta a una viuda

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Una de las cosas más difíciles de la vida, es enfrentar la muerte de un ser querido. Y más difícil aun, es no haber podido despedirse, antes de partir.

Hace unos meses se mudó una familia joven en el apartamento al lado del mío. Desde el primer día que vi a la que sería mi vecina, vi en ella, en sus ojos y en su sonrisa, una desbordante felicidad. Por todo sonreía.

-Hola Caro, buenos días.
-¿Qué más Caro? ¿se te olvidaron las llaves y te quedaste afuera? Ven, entra a mi casa mientras llega alguien y te abre la puerta.
– Anda Caro, Sarita metió a Toñi al apartamento y me lo orinó todo. Pero no te preocupes, yo lo limpio.
-¿Caro, tu abuelita está? Es que le quiero dar a probar este arroz delicioso que hice.

Yo fui la primera que la saludó cuando se estaba mudando, de casualidad yo iba saliendo y nos tropezamos. Fue muy cordial, y obviamente me dijo su nombre, pero era tan difícil que mi mente nunca lo recordó. Cada vez que la veía y ella me saludaba, diciéndome el mío, yo me sentía apenada por no acordarme del de ella.

Fue cuando me enteré de que a su esposo le habían quitado la vida, que escuché su nombre. Se llama Yandri. Al enterarme de lo que le había sucedido, no lo podía creer. A él señor Lo mataron dos menores de edad, por no pagar la “vacuna” mensual que le pedía una banda criminal, a su negocio de compra y venta de carros.

Yo al él lo había visto una sola vez, así que su cara no la recuerdo muy bien. Sólo tengo en mi memoria, un día. Un sábado. Yo estaba en mi cama, escribiendo, y la música a todo volumen del apartamento de al lado me ensordecía y no me dejaba concentrar, ahora que lo pienso es muy raro verme escribir sin mis audífonos puestos, pero creo que fue el destino que quiso que así fuera. El ruido lo producían la pareja de esposos, la música se empezó a mezclar con unos gritos y escuché a todo pulmón, algo que no pude olvidar. Ni olvidaré.

– Te amo mi amor, eres lo mejor que me ha pasado en mi vida.

Era la voz de ella. Que le gritaba con todo el corazón, esa declaración a su esposo. Él, aunque yo no lo estaba mirando, me lo imaginé sentado con una sonrisa de oreja a oreja mientras la veía a ella bailando y gritando, porque era un vallenato lo que escuchaban. “Que lindos sentimientos se tienen”, pensé.

Yo no sé si eran la pareja perfecta, pero se veían tan felices que fácilmente sí lo eran. Un día, hace dos meses tuve un sueño rarísimo, sentí que alguien se había muerto y yo lloraba desconsoladamente. Cuando me desperté le di gracias a Dios de que todo había sido eso, un sueño. Pero pasé paranoica todo el día, así que rápidamente me puse a escribir, para sacar todo el miedo que sentía. Entonces hice los cuatro primeros párrafos de esta carta. Y luego, al enterarme de que a mi vecina le habían matado al esposo, dije: este poema le puede servir, lo voy a arreglar.

Para el resto de párrafos me inspiré en una película que días antes me había visto: “Un lugar para refugiarse”. Y además recordé al esposo de una prima hermana, que también pasó por algo similar hace algunos años. Y así, las letras empezaron a fluir. Nada en la vida es casualidad. Y después de esto lo compruebo. Yo no soy religiosa, no creo en las religiones porque se basan en el miedo, en el miedo a no ganarse el cielo. Pero creo en Dios, y en que a veces, sin explicación nos utiliza como instrumento.

Esta carta también se la dedico a Roxana, mi prima. Porque estoy segurísima de que Jorge, su esposo, se la hubiera escrito tal cual.

 

 

Si me muero mañana

Llórame. Llórame un río. Que tus lágrimas formen charcos en la arena, para que se filtren y me mojen, allá abajo. Llora sin excusa, sin pena a que te vean. Que el dolor te desgarré el alma. Que los gritos te dejen sin voz. Que mis recuerdos no te dejen dormir. Que cuando veas mi foto, la frotes en tu pecho para sentirme cerca. Que me recuerdes para así imaginar, que nunca me fui. Llora, llora, como lo estoy haciendo yo, ahora.

Y cuando las heridas sanen y tu corazón se resigne al hecho de no verme más, ríe, ríe bastante. Ríe con alegría. Ríete de mis locuras. Ríete de lo feliz que fuiste a mi lado. Que las carcajadas sean más fuertes de lo que fue tu llanto, y así, con ayuda del viento, vuelen, vuelen alto, y lleguen, lleguen arriba, a donde estará mi alma, escuchándolas. Desde el cielo te estaré viendo. Desde el cielo te seguiré amando. Desde el cielo, siempre, te estaré cuidando.

Todos le tememos a la muerte, pero más le tememos a ver morir a las personas que queremos. Es que nos da miedo. Nos da miedo sentir ese dolor porque no sabemos cómo reaccionaríamos. No sabemos si el dolor sea tan grande como para morirnos al tiempo, ahogados en lágrimas. No sabemos sí el llanto sea tan grande para romper nuestras cuerdas vocales. No sabemos sí la opresión en el pecho nos haría quedarnos sin aire. No sabemos si el dolor por su muerte, nos mataría el corazón.

Toda mi vida al ver a un invalido, tenía miedo a estar en su silla. Toda mi vida al ver a un ciego, tenía miedo a tener sus ojos. Toda mi vida al ver a un sordo, tenía miedo a no escuchar melodías. Toda mi vida al ver a un mudo, tenía miedo a no poder decirte: te amo. Toda mi vida al verme al espejo, tenía miedo a no volver a sonreír. Yo no me quiero morir mañana, ni pasado, ni nunca. Pero si me muero, me voy feliz. Feliz porque mientras estuve a tu lado, viví la vida al mil.

Con mis piernas recorrí el mundo sin parar, viviendo en cada paso, una experiencia mágica. Y sólo veía cómo mis pies se elevaban unos pocos centímetros de la tierra, cuando tus labios besaban los míos. Con mis ojos miré la vida con alegría, disfruté cada detalle de ella, y siempre, cuando los cerraba, no hacía otra cosa que pensar en ti. Con mis oídos escuché mil melodías, mezcladas con el aguacero de sentimientos que salía de tu boca cuando me cantabas enamorada. Y con mis labios te besé toda, y te dije muchas veces: te amo. Te lo dije antes y te lo sigo diciendo ahora, ahora que estoy lejos de ti: Te amo amor, te amo. Te amo tanto como tú me amaste a mí.

La vida sigue, la vida no para. Ahora te pido que seas fuerte. Sabes que nuestra hija te necesita. Explicarle donde estoy, será lo más difícil para ti, porque cada vez que lo recuerdes, un nudo se empezará a formar en tu garganta. Pero respira profundo y dile, dile que estoy en el cielo protegiéndola. Que no me verá más con sus ojos, pero que sí me verá en sus recuerdos. Sé lo mucho que me echará de menos, sí que lo sé, pero dile que de ahora en adelante, tendrá un angel de la guardia que la protegerá desde el cielo.

Sé que te he dejado un papel muy difícil, el de padre y madre a la vez. Pero quiero que sigas teniendo la fortaleza de un árbol de bamboo para soportarlo, para doblarte sin llegar a romperte, y volver de nuevo a enderezarte para seguir luchando contra el viento. Sé que me quieres y me querrás toda la vida, tanto que acá donde estoy lo siento, porque algo tan intenso como lo que vivimos no puede morir. Nada en la vida es casualidad, nací para conocerte, para amarte y hacerte feliz, pero no pienses que nos duró poco, ni te culpes por nada, ni tampoco culpes a Dios, lo nuestro sólo duró lo que tenía que durar. En el futuro, no ahora, lo entenderás.

El día de mi partida será muy difícil para ti y nuestra hija. Superarlo será doloroso, y no sólo ese día, sino todos los que le siguen. Pero tienes que tener coraje para aguantar el dolor sin perecer en el intento. Yo te daré las fuerzas para seguir. No te preocupes por nada, que siempre las protegeré a las dos. Si un día, mi vida se esfuma sin avisar, sé que darías lo que fuera porque yo estuviera ahí contigo, solo un momentico, para poder abrazarme, para volver a sentir mi piel, para poder despedirnos a besos, para reclamarme por los planes que teníamos en el futuro, y para poder mirarme a los ojos por ultima vez, mientras camino de nuevo hacia la luz y te digo adiós.

Me imagino que me escribes una carta, porque lo necesitas, necesitas decirme muchas cosas. Me dirás que me quieres y que siempre me querrás, que fui tu primer y único amor, que me tendrás presente en todo momento, en todas las decisiones, y me pedirás que siempre te guíe en el camino correcto. Y ahí estaré amor, acompañándote, haciendo que continúes con tu vida. Que no me olvides pero que tampoco vivas sumergidas en mis recuerdos. Porque los recuerdos son pasado, y yo lo que deseo es que abras tu mente para disfrutar las nuevas experiencias del presente.
Vive, vive porque todavía eres joven. Vive porque haciéndolo me harás muy feliz. Vive porque estas viva, y la vida sigue.

Vivir será el mejor regalo que me podrías dar, si me muero mañana.

Te amo,

Tu esposo.

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8 thoughts on “Carta a una viuda

  1. Jamás había sentido palabras tan directas y en el contexto en que están, las vivi es mas las vivo casi igual… No tengo duda que estas serían las palabras perfectas que el le diría… No es fácil aceptar la partida de un se querido, es algo que jamás se prevee pero siempre hay personas que te alientan y en este caso fue a través de ti que el se puedo expresar, aunque no lo creas debe haber lago sobrenatural que te haya movido a describir tales cosas caro… Me haz echo llorar y sentir como si mi papa se las estuviera diciendo a mi mama…

  2. Hermoso caro!! Sentidas palabras que demuestra realmente lo que vivimos por el ser que amamos y ocurre lo que nunca deseamos!.. un abrazo…

  3. Hermoso Caro, que mejor regalo , le podias hacer a ella, que decirle , en tus palabras , lo que le hubiera dicho su esposo, cada dia te superas mas, que mi Dios te bendiga y te siga iluminando , aun cuando no lo conozcas, el siempre esta a tu lado , si no mira a tu alrededor y palpa lo que te ha dado, , mucgho amor y una familia , que te adora,, besitos

  4. No podria dormir con la intriga grande de leer este escrito; he quedado impactado y comprendo cada letra que plasmaste en esta carta, sentiminetos indescriptibles y que desnudan el alma de quien lo lee y aun de quien lo escribe, tu. Sencillamente impactate, excelente!

  5. maravilloso tu escrito y creo que veraz ,el Señor te inspiro,soy joven viuda con niño.si no me agarrase a dios y lo pusiese como mi todo,me habri ya muerto del dolor tan fuerte que siento y de la crueldad de la gente mala que me rodea.ELmundo es cruel y perverso para las pobrecillas viudas pero son el ojito derecho de dios y quien abuse de ellas se las tendrá que ver con El.recomiendo el testimonio maravilloso de vida tras morir de Felipe Galvan.

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