Preparativos para una boda

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-Cesar mijo, cuidado le cuentas a Carolina lo que me acaba de pasar, tú sabes que esa “pelaita e’ mierda” es capaz de publicarlo en la cosa esa que tiene en el computador. Me va a poner a la burla pública, ve lo que te digo- Le dijo mi abuela a mi papá antes de que llegaran a la boda.

La noche en la que los nuevos esposos se conocieron, ella lo enamoró con su tierna mirada y él a su vez la enamoró con su buen humor. Desde ese momento sus corazones nunca se han separado, se aman, en el libro del destino sus nombres siempre han estado en la misma página, y después de muchos años de noviazgo decidieron unir sus vidas en una ceremonia matrimonial, ceremonia que fue hermosa, pero más que eso fue divertida. Y no solo lo digo yo, lo dijo el aplauso masivo que lanzaron los invitados después de que el juez los declarara marido y mujer.

Mi familia es grande y pues obviamente no se podía invitar a todos a la boda, cosa que mi querida y adorada abuela no podía entender. Pero ojo, no crean que este es el cuento del que hablaba en el primer párrafo, este es otro, que también es bueno pero no tanto como el que me contó mi papá.

Llegué a mi casa y encontré a mi abuela en la mesa con una caja de marcadores, dos rollos de cartulina blanca, lazos, pegante, una regla y una tijera. Mi abuela estaba haciendo unas tarjetas caseras a los familiares que mi hermana no había invitado. Pero esa gran idea no se le ocurrió de la nada, no, una de sus sobrinas fue la que le puso a volar su imaginación ya que literalmente como dicen mis tías: “correteó la tarjeta. Es decir, apenas se enteró que mi hermana se iba a casar empezó a llamar a mi mamá con la excusa: “hola Ana, llamaba a saludar”. Al ver estupefacta las tarjetas tan horribles que se estaba inventando mi abuela, no aguanté la risa y caí al piso, duré horas en ese status quo que te proporciona “morirte de la risa”. Obviamente llamé de inmediato a las fuerzas especiales para que controlaran la grave situación, y enseguida la general encargada, es decir mi mamá, le decomisó el contrabando a mi abuela antes de que alcanzara a enviarlo.

Estando ad portas de la boda tuvimos un grave problema, por poco tres mujeres se ahogan, pero en un mar de lágrimas. La primera fue mi tía. Ella había vendido un “ojo de la cara” para comprarse un vestido amarillo pollito con un diseñador muy reconocido, pero al medírselo no llenó sus expectativas, así que pasó un día entero llorándole al diseñador para que se lo arreglará, a la final le quedó hermoso, digno de su costo.

La segunda llorona fue mi mamá. Esa señora andaba con los nervios de punta. Ella fue a comprarle la ropa a mi papá: guayabera, zapatos y pantalón. Pero por estar acelerada corriendo de un lado para el otro, dejó las bolsas en la cafetería del centro comercial. Hoy, algún mesero debe estar feliz estrenando ropa, a diferencia de mi mamá, que la vieron en el mismo centro comercial llorando como una magdalena porque le tocó comprar todo otra vez. ¡Huy! Que dolor.

Y la tercera y la mejor de todas fue mí querida y adorada abuela, alias: la Tata Yoya. Que a tan sólo una hora de la boda protagonizó una escena magistral, escena que fue la causante de la inspiración de este artículo.

– Ándale no encuentro mis zapatos. Oye Yeisy ayúdame a buscarlos que ya casi va a comenzar el matrimonio – le dijo mi abuela a la empleada doméstica.

Media hora después y sin éxito en la búsqueda, mi abuela se desesperó.

– ¡No puede ser!- Empezó a llorar- ayer yo tenía los zapatos aquí, imposible que se hayan desaparecido. No hay de otra, eso fue que me los robaron, esos zapatos aparecen porque aparecen Yeisy – insinuó mi abuela. Insinuación de la que tuvo que retractarse minutos después.

Mi papá asombrado por el “llanto” de desesperacion, salió al rescate.

– Suegrita tranquila, no te preocupes, vamos un momentico al Buenavista y te compro otros zapatos. Cálmate, si vamos a buscarlos ya, podremos llegar a tiempo a la ceremonia.

De repente Yeisy le dice a mi papá.

– Señor César, ¿usted trajo queso de la finca?

– No mija, ¿por qué?

– Porque yo ahí vi una caja extraña en el congelador y no sé que es.

De repente se escuchó un grito de felicidad.

– ¡Ayyyyy! Mis zapatos.

Mi abuela preocupada por lo incómodos que eran los zapatos que le había traído su hija de Miami, decidió meterlos en el congelador para que con el frió se ablandaran. Supuestamente. Pero este cuento no habría sido tan espectacular sin el relato de mi papá, porque él es tan o más burlón que yo, y me contó ese cuento con sabrosura, miren lo que me dijo…

– Caro, imagínate que sacamos los zapatos y estaban congelados, me tocó bajar y ponerlos al sol. Sin “mentirte” botaron litro y medio de agua, tenían hasta hielo guindando. Y ajá, cómo teníamos que irnos enseguida para el matrimonio, a tu abuela le tocó ponérselos fríos. Iba dando gritos mientras bajaba las escaleras porque supuestamente esa frialdad en los pies le estaba dando calambre.

Yo llegué tarde a la peluquería, como ya es costumbre en mí, vaya sorpresa que me llevé cuando vi que a mi querida madre apenas le estaban lavando el pelo, ósea, faltaban menos de hora y media para el matrimonio. Al ver la cara de preocupación que tenía no aguanté las ganas de burlarme de ella.

– Mami me acaba de llamar la decoradora, que en el hotel no la han dejado entrar todavía a poner la flores y tú todavía aquí. Apúrate, que necesitan que estés pendiente de todo, después dices que yo soy la que siempre llega tarde, el colmo, ni te han maquillado ni hecho el peinado, ya es para que estuvieras allá.

La cara que pone Hulk cuando lo hacen enfurecer, es una smile face comparada con la que me puso mi mamá en ese momento.

– Mira Carolina como sea “mamadera de gallo” (burla) tuya, verás lo que te va a pasar – me dijo mientras agarraba el celular para llamar a la decoradora y así averiguar la situación real. Obviamente antes de que intentara marcar el número le confesé que era una mentirilla para oxigenar el pesado ambiente.

Al terminar la maratón de peinados y maquillaje llegamos a la casa a vestirnos corriendo. Mi papá que nos estaba esperando con dos whiskies encima, nos contó la anécdota de los zapatos y nos relajamos completamente, eso fue un potente desestresante. Apenas llegamos al hotel subimos a la suite a ver a la novia, y como era de esperarse estaba fabulosa, su maquillaje y su peinado la hacían ver hermosa, y el contraste de su pelo rojo con el vestido blanco era magnífico. Y los pajecitos y las damitas estaban a la altura de tal belleza.

La novia estaba relajada, riéndose con mi papá mientras él le volvía a repetir el cuento de los zapatos de mi abuela, pero que a causa de los whiskies había exagerado alguno de sus detalles. Decía que mientras mi abuela iba bajando las escaleras los zapatos le goteaban y dejaban un charco por donde pisaba, y que a él le tocaba ir trapeando el desastre. Pero la única de ese cuarto que no se relajaba era mi mamá, imagínense que se sentó en la cama y de repente todos los dedos de los pies se le acalambraron, se le empezaron a montar unos encima de otros.Pobresita, daba gritos, pero nosotros en vez de ayudarla nos empezamos a reír con más fuerza. “¡Ay, ay, ay, ay que esto, ay, ay, socorro!”, fueron algunos de sus alaridos.

Luego nos avisaron que el novio todavía no había llegado, pero que ya venía en camino. Días después nos enteramos que el problema había sido por la guayabera, pues al ponérsela se dio cuenta que era muy transparente, por ende se le veían las tetillas. Fue por eso que mandó corriendo a una de sus empleadas a comprarle una camisilla. Esto fue para los que encontraron este articulo atraídos por el titulo y que pensaron que realmente les iba a decir listado de los preparativos que hay que tener para una boda, este de la camisilla es el único párrafo que les podría servir, los demás son un ejemplo de las locuras que le podrían pasar ad portas de una ceremonia matrimonial.

Se casaron y todo lo que había organizado mi mamá quedó más que perfecto. En la ceremonia el canto nupcial estuvo a cargo de la excepcional voz de mi prima Tani Guzmán, yo arrojé 200 mariposas, y los invitados tiraron burbujas y flores, fue una bella e inspiradora combinación. Ya en la fiesta, mi papá le llevó serenata con mariachis y yo aproveché para decir unas palabras y hacer el brindis, allí me di cuenta que hacer llorar es mucho más fácil que hacer reír.

Al ver lo linda que quedó la boda decidimos que a mi mamá le podíamos montar una empresa para organizar matrimonios, pero con la única condición de que solo trabajará para un público diferente a la familia, porque cuando se trata de alguno de sus hijos, pasa con dolor de cabeza, tomando valeriana para los nervios, poniéndose mascarillas y haciéndose masajes en el SPA para disipar el estrés, y no les miento cuando minutos antes de que mi hermana pisara el altar, los pajecitos, mi papá y yo, queríamos taparle la boca con una cinta de enmascarar. En ese momento le dije: “mami, el día que yo me case te voy a dar un calmante para que parezca un zombie y no molestes tanto”. Es que imagínense, si me tenía nerviosa a mí que soy la frescura en pasta, ya se podrán imaginar cómo tenía a la novia.

A continuación diré varias cosas que no deberían hacer los invitados a una boda.

1. Niño, ¿tienes 13 años y ya te quieres casar? ¿Qué haces metido en la fila de solteros que van a ganarse la liga? Y bueno ahora que te lo ganaste espero que falte mucho para que esa profecía se cumpla.

2. Tías, no saquen a bailar al nuevo novio de tu sobrina si no estás preparada. Esta fue la escena: la tía costeña bailaba con el joven cachaco, de repente esta mujer empieza a gritar de dolor, su parejo preocupado le pide disculpas pues pensó que la había pisado, pero la tía le explica. “No mijito tranquilo, es que tengo los meniscos de la rodilla jodidos”.

3. Mujeres, sepan que en una boda siempre va a ver una caída, el mejor momento es cuando van a pelear por el ramo o cuando están bailando alocadamente, prueba de eso es que en esta boda hubo tres casos.

4. Y EL MÁS IMPORTANTE, si los zapatos son muy incómodos y ni metiéndolos a la nevera se te van a ablandar, bótalos, porque como le pasó a mi abuela, no es gratificante decir esto al terminar la fiesta: “no me gocé nada el matrimonio, pasé sentada todo el tiempo, no me pongo más esos benditos zapatos”

Salud por los novios…

Aquí les dejo dos videos, uno es de mi discurso, está corto porque la que lo grabó pensó que cuando me aplaudían era porque había terminado de hablar y no porque el llanto que tenía atorado en la garganta no me dejaba. Y el otro es el de la voz magistral de mi prima, impresionante.

1) http://www.youtube.com/watch?v=5iKchSmk_OQ

2) http://www.youtube.com/watch?v=K1p1FZjI5Uw

y bueno, si se quieren reír más de las locuras que pasan en las bodas, vean este video donde estan las bodas más chistosas del mundo… http://www.youtube.com/watch?v=GEjlK3rTahA

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2 thoughts on “Preparativos para una boda

  1. QUERIDA CARO, NO SABES CUANTO HE DISFUTADO TU ARTICULO DE LA BODA. YA ME IMAGINO A GLORIA BUSCANDO LOS ZAPATOS POR TODOS LADOS , PERO NUNCA QUE ESTABAN EN EL CONGELADOR Y CONGELADOS. …..ESO ES PARA MORIRSE RIENDO., TODAS LAS ANECDOTAS QUE ´PASARON ESTAN FABULOSAS…. DILE A GLORIA QUE SE DEBE SERTIR ORGULLOSA DE SER LA PROTAGONISTA DE TAN EXCELENTE NOTA….. BESITOS Y SIGUE ESCRIBIENDO, DE TODOS ESTOS ARTICULOS PUEDES SACAR TU PRIMER LIBRO DE “VIVIENCIAS FAMILIARES ” AUTORA CARO PADILLA LOPEZ.

    TE QUIERE
    TIA MARU.

  2. Caro, fue una boda, linda!!! y las pasamos pero de ataque!!! tanto, que la tuvimos que seguir en otra parte. Y por el cuento de tu abuela, ahí esta pinta mamita jajajajaja y tu tía Mary, eso sacaba a los sobris a bailar y depronto metía el grito de los meniscos jajajajaja Pero hay una realidad, la familia de tu mamá es un caso.

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