A clavar se dijo

Se supone que el fin del mundo está cerca, en unos cuantos días todo acabará y quedaremos hechos polvo. Según el calendario Maya la catástrofe será el 21 de diciembre de este año, pero para nuestra tranquilidad hace poco los arqueólogos descubrieron un mensaje encriptado que tenía oculto el polémico calendario. El jeroglífico decía:

A clavar, a clavar que el mundo se va a acabar. Att: un Maya borracho”.

Clavar: introducir en un sitio un clavo u otro objeto cilíndrico, a fuerza de presión o de golpe con intención de hacer un hueco o sacar otro clavo que lo comenzó pero qué se dobló en el intento.

Unos interpretarán ese mensaje alegando que los Mayas estaban construyendo alguna de sus pirámides y necesitaban que los trabajadores clavaran rápido, pero yo creo que ese mensaje es la versión antigua del dicho hippie sesentero: “Peace and love” o el de esta época “YOLO (You Only Live Once)”. No hay ningún fin del mundo, todo esto lo hicieron esos indios para que los humanos dejemos tanta guerra y vivamos en paz, con armonía y concentrados en darle amor a los demás.

Ese calendario seguramente lo hicieron un poco de indios aburridos de la abstinencia y con unas cuantas “chichas de wandul” encima. Lo que pasa es que la gente se toma las cosas muy en serio. Yo nunca he creído que este maravilloso mundo se acabará, me niego rotundamente a aceptarlo y después de este fin de semana, lo confirmo: Faltan siglos para que esta bolita de plastilina llamada planeta tierra se aplaste.

“A mí me afectaría mucho la muerte mía, porque no sé pa’ onde voy. No, yo no quiero morirme, le saco el cuerpo a ca’ ratico, es que si uno supiera que sirve más muerto que vivo yo me muero hoy, pero no lo sé Ernesto, no lo sé. Y es que uno por allá enterrao’ debajo de la tierra y con esos calores que hacen ahora… no, yo no me quiero morir ni de viejo. No, no, no, mejor ni hablemos de eso”. Estas fueron las sábias palabras del filósofo de la Junta Diomedes Díaz.

Alguna vez todos nos hemos enfrentado a situaciones donde nos encontramos con la muerte cara a cara. Esa es la sensación más horrible que se podría vivir, pero creo que esos momentos son los que más enseñanzas nos dejan. Este fin de semana varios miembros de mi familia hemos experimentado unos sucesos que nos hicieron caer en cuenta que uno nunca va a estar listo para morirse.

¿Puede haber algo más desesperante que ir de “paseo” con una testigo de Jehová al volante? Pues para mí fue un fin del mundo adelantado.

Mi hermana se casa pronto, por tal motivo nuestra familia de Cartagena le hizo una despedida de soltera. Mi tia me llamó y me dijo que bajara, que nos estaba esperando. La chofer era una amiga de mi tía practicante de esa religión. Aclaro que no tengo nada en contra de ellos, es más, creo que su labor de predicar la palabra de Dios de casa en casa es asombrosa, no todos los creyentes hacen ese sacrificio. Lo que quiero con esta historia es un hecho gracioso que nos pasó en el viaje.

Saludé cordialmente, me acomodé como puede y arrancamos. Todo iba a la perfección hasta que salimos de las estrechas vías barranquilleras y nos adentramos en la “vía al mar”. Ahí empezó el calvario. El carro estaba inundado de un silencio total, solo se escuchaba una leve música de fondo, hasta que mi querida abuela decidió hablar.

– Imagínense que Juliana le pidió al niño Dios un regalo carísimo, un “Ahí pac” – comentó para romper el hielo.

– Tata se dice iPad, con d… iiiPad- le respondí después de unos segundos de risa.

– Bueno eso, eso, ustedes me entendieron. ¡Ay! pareces una misma boba riéndote – profirió mi abuela.

– Jajaja por esas cosas es que te amo TaTa. Oye pero Juliana si es viva, tan grande y todavía pidiéndole al ñiño Dios – dijo mi hermana

– Es que ella es inteligente y se hace la boba, pero estoy segura que ya sabe que “el niño Dios” son los papas. Lo supe yo cuando tenía menos edad, ahora ella que vive es este mundo tecnológico donde Wikipedia lo dice todo. Yo también me hacía la que no sabía y recibí regalo como hasta los 12. Mi mamá tan inocente creía en mi inocencia – dije mientras me acomodaba, pues estaba en la mitad de dos gordas.

-Niño Dios, niño Dios…. Ustedes los católicos ni se saben el verdadero nombre de nuestro padre celestial, el creador de todo, el se llama Jehová, lo dicen las escrituras bíblicas. No entiendo cómo pueden festejar la navidad, nadie puede comprobar que Jesús nació en diciembre, les voy a contar la verdadera historia, eso es una fiesta pagana que realizó el rey… – tomó la palabra la señora chófer.

(30 minutos después)

…Y lo mismo halloween, no entiendo cómo pueden poner a sus niños a que se disfracen de demonios. Si volvemos a la historia eso es un fiesta en honor a los muertos… porque …. Además …. Y también….

A Cartagena se llega en una hora, pero nosotros ya llevábamos una hora de viaje y todavía íbamos por la mitad del camino. Mi abuela iba durmiendo, mi tía con la boca cerrada pero haciendo este sonido de afirmación por educación “eje”, mi mamá viendo por la ventana pero de vez en cuando me miraba para ver lo que yo hacía. Y al ver mi pié moviéndose a miles de revoluciones por minuto, supo que algo en mí estaba a punto de explotar. Y sí, no pude más, mi tolerancia llegó al límite. Las palabras me salieron con tal convencimiento y empoderamiento que me sorprendí, en ese carro acababa de empezar un batalla de ideologías.

La señora chófer tuvo que bajar la velocidad, pues no se puede pelear y manejar a la perfección.

– NO CREO EN LAS RELIGIONES, porque se basan en el miedo, el miedo a no ganarse el cielo. Yo solo creo en DIOS. Soy católica por tradición familiar, y no le veo nada de malo a nuestras fiestas en honor al nacimiento de Jesús, y a venerar a la virgen María. Hay que respetar las creencias de otros, no atacarlas. En todas las culturas Dios tiene nombres diferentes: Jehová, Allah, Yahveh, etc. Y todos son el mismo, el ser superior, misericordioso, e inmortal creador de todo lo que vemos. Sólo nos debe bastar con amarlo sobre todas las cosas. – dije con sorprendente dicción y entonación.

No es necesario escribir la retahíla de cosas que me dijo para que yo cambiara de opinión, me imagino que ustedes también han estado en alguna de esas conversaciones religiosas. Aunque creo que no muchos han tenido el “privilegio” de hacerlo encerrado en un carro, con el profeta manejando y sin poder escapar. La señora seguía hablando pero ahora con más determinación.

Minutos más tarde me cansé de discutir, la verdad no quería hablar más sobre el tema. En silencio estaba planeando la forma más sutil para decirle a mi tía que le subiera el volumen a la música, pero no encontraba las palabras. De repente sonó un celular, mi tia contestó, y su conversación se basaba en explicarle al que estaba del otro lado del teléfono por dónde íbamos.

– Ajá, apenas vamos por aquí, es que tu mamá va muy lento- dijo.

– Anda y mis hijos que piensan, ¿que yo no sé manejar? – preguntó indignada la señora chofer.

– Piensan bien – dije sin ninguna entonación.

Mi tía soltó la carcajada y por obra y gracia, de esa carcajada se contagió todo el carro.

– Mira flaca, es que yo así como respeto las leyes de Jehová también respeto las leyes de tránsito. Si en los letreros de velocidades dice a 30 km, a 30 km voy, si dice a 90 km máximo, soy incapaz de ir a más de eso- continuó con el discurso la señora Chofer.

– ¡Ya no más! ¡Ay me duele! No soporto más esto, me estoy muriendo del dolor, que cosa más horrible. Ya quiero llegar para tomarme una pastilla. No, no, no, estoy que me arranco esto -dijo mi querida abuelita.

Pobrecita, es que está estrenando chapa (prótesis dental). En toda la noche no pudo comer sino sopa, mientras nosotros degustábamos un manjar.

– Bravo, por fin llegamos- dije irónicamente mientras aplaudía.

Y para mi sorpresa nuestra señora chófer también aplaudió, y adicionalmente le dio las gracias a Jehová por habernos “traído con bien”.

Llegamos al edificio donde se iba a realizar la reunión, el ascensor estaba lleno, así que la señora chófer y mi abuela subieron primero. Abajo nos quedamos mi mamá, mi tía y yo. El ascensor volvió a bajar y nos montamos. Después de ese viaje tan desesperante yo necesitaba sacar las energías acumuladas que tenía, por eso me arrecosté a mi tía y empecé a hacerle un baile erótico mientras le decía “oh yeah.. Maracuyea, oh yeah”. De repente y como castigo divino por haberme burlado de la señora chófer, el ascensor se detuvo y se apagó la luz.

– ¡Ay Juepucha! Viste Carolina por estar con la maricá, eso fue por el movimiento, ahora falta que nos salga la pelaita brasilera del video que me mostraste- me dijo mi mamá mientras le entró un ataque descontrolado de risa. (Este es el video al que mi mamá hizo refrencia. No dejen de verlo http://www.youtube.com/watch?v=PeD_ozddrBM)

– ¡Ábranme, Dios mío, padre santo ayúdanos… SOCORRO! – gritaba mi tía mientras le pegaba puños a la puerta. (Es claustrofóbica)

Yo no decía una sola palabra, porque estaba concentrada REZANDO, así como lo oyen, dije el “padre nuestro” unas veinte veces. Yo sentía el fin de mi vida cerca, pensaba que en cualquier momento el ascensor se iba a caer. Yo me había quedado encerrada en un ascensor antes, pero no con una loca como mi tía. Sus gritos me asustaron, la sensación fue horrible, empecé a pensar en lo joven que era y lo mucho que me faltaba por vivir.

– ¡Ya cálmate tía me estas poniendo nerviosa, deja de gritar que ya nos van a abrir! – Le dije gritando para poder vencer las carcajadas de mi mamá y los alaridos de S.O.S de mi tía.

– ¿Cuándo nos van a abrir, cuando me ahogue? ¡Ábranme nojoda que me voy a morir! ¡Auxilio! ¡Ay mi madre me mueroooo! – decía mi tía llorando y sin dejar de pegarle a la puerta.

De repente el ascensor hizo un movimiento, todas gritamos y luego se prendió la luz. Mi mamá se dejó de reír, mi tía tenía el blower dañado y el maquillaje corrido por lo horriblemente sudada que estaba, y yo, yo estaba con una sonrisa de oreja a oreja porque me vino el alma al cuerpo. Se abrió la puerta del ascensor y nos dimos cuenta de que toda la gente de la reunión que seguramente había escuchado el escándalo típico de un fin del mundo, se habían amontonado afuera.

Apenas vieron nuestras caras, toda la familia se empezó a reír a carcajadas, hasta la señora chófer y mi abuela con su dolor de chapa se unieron a la multitudinaria risa. Y obviamente nosotras, las víctimas, también nos unimos. Bueno, mi tía salió corriendo dándole las gracias al “santísimo” por darle más años de vida y dijo que ni muerta se montaba más es esa vaina.

Dejen de creer en tanto cuento chino, vivan la vida carajo que el mundo se acaba cuando dejes de vivirla. Y recuerden esto: “polvo eras y polvo serás”. Eso se refiere a que naciste por medio de un polvo y lo ideal es que mueras haciendo lo mismo, pero claro, háganlo con amor.

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3 thoughts on “A clavar se dijo

  1. Me enamore…..

    Como entender que una persona trate de hacer entender a otra persona cosas que alguien le hizo entender sin antes haberlas vivido….

    Tal cual, el andar del ser humano diariamente! Unos encimas de otros dando retahílas y discursos inteligentes no pensados por ellos mismos, cuando de verdad deberías estar encima el uno del otro haciendo cosas productivas y recreativas !

    Me encanta! me enamore perdidamente de esta loca profeta de la nueva era, la cual vive encaramada en la cima de la pirámide del tumulto de aquellos que se creen muy inteligentes.

    Me seguiré dejando “poseyieeer” de tu splash filosófico!

  2. Oye que risa! Lunatica, me alegra saber que eres de Barranquilla, me encantó tu post, y me siento identificada. Me alegra decir que yo creo en el escepticismo religioso, y me estresa enormemente los fanáticos religiosos y sus infructuosos intentos por convertirme a la palabra del señor. Me mató tu cita del Filosofo de la Junta… llevo días riéndome de ese vídeo. Si puedes pásate por mi blog http://unatalmariadice.blogspot.com/

    Besos, Loca.

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