Rodillas raspadas Parte 2

Como a los grandes sucesos se les hace un homenaje anual, he decidido que este paseo se lo merece. Pasó exactamente hace un año, en semana santa, ocho personajes emprendimos un largo pero inolvidable viaje hacia el Parque Tayrona.

¿Qué pasó el verano pasado? En el carro de las mujeres la canción insignia del paseo era “La sincelejana”. Se repitió más de 20 veces, en el carro de los hombres sólo se escuchaba Rock, hasta que se abrió la primera botella de “waro”. Nuestra coreografía se hacía cada vez más bullosa, imagínense un carro con mujeres bailando y gritando.

Hicimos una pequeña parada para comprar la reserva alimentaria que llevaríamos, no sé por qué se me ocurrió montarme en el carrito del mercado pero lo hice, el establecimiento completo posó los ojos en estos dos personajes, yo encaramada en el carrito recibiendo toda la comida y un loco amigo mío… «Pipeton» conduciéndolo a toda velocidad.

De vuelta a la camioneta se abrió otra botella, se puso la canción y empezó la coreografía., de repente vimos una caravana de carros venezolanos que tenían pintados letreros que decían: -De Valencia pa’ Cartagena; De Caracas pa’ Cartagena. Al ver eso me causó curiosidad, pensé que había que ayudar al prójimo ya que ésta es la vía para Santa Marta no la de Cartagena.

Me dispuse a ayudarlos, bajé el vidrio y pegué un grito: -¡Oye! éstas Perdio’, caCtagena es pa’ allá.

Recuerdo que nuestro carro empezó a temblar a causa de la avalancha de carcajadas que soltaron mis amigos, creo que el conductor tuvo que detener el auto porque tampoco podía de la risa. Al retomar la marcha y calmar aquella risotada sentimos que un carro de aquellos venezolanos aceleró y se puso justo al lado de nosotros, y nuestras carcajadas volvieron a invadirnos cuando…

El venezolano bajó el vidrio y gritó: – ¡Oye! Gracias, pero ya fuimos a Cartagena, ahora vamos para el rodadero.

“Cuando te vi en Cartagena, pensé que eras de Bolívar, ay Sincelejana”(bis)… Ya nos tenía hartas esa canción, – Pipeton pon otra cosa- gritamos. Las energías se calmaron cuando nuestros oídos escucharon la buena música de mi amor platónico, Carlos Vives. Y más cuando estábamos acercándonos a “La tierra del olvido”.

Dormimos esa noche en Taganga, un pequeño pero mágico pueblo de pescadores donde si quieres atrapar extranjeras sólo tienes que llevar tu caña, de pescar. Llegamos a una olorosa (lo digo por los extranjeros) discoteca en lo alto de una montaña con una vista exquisita (lo digo por la playa).

Después de mucho haber bailado en ese lugar nos aburrimos de tanta seguridad y decidimos bailar en la calle. Sí, bailamos en la mitad de la carretera y los carros primero nos esquivaban, luego nos pitaban y por último sacaban sus cabezas y gritaban: -Wepa.

A altas horas de la noche nos disponíamos a regresar al hostal, pero no entiendo porque todavía teníamos ganas de seguir bailando. Goku (el de las esferas del dragón) y yo nos metimos en una casa donde había una parranda, me encanta lo descomplicado de todos los turistas que van a ese pueblito. Todos esos “olorosos” extranjeros empezaron a mover las caderas tratando de imitarme, mi alter ego esa noche se llamaba Shakira.

Al día siguiente seguimos “on the road”, por fin habíamos llegado a nuestro destino, el Tayrona. «Pipeton» movió sus influencias y nos dejaron entra gratis al parque, habíamos alquilado unas burras para que llevaran las maletas mientras nosotros caminamos, pero a la burra de, que digo a la “inteligente” de Nana se le ocurrió irse montando en su burrito sabanero.

Caminando por el sendero, vimos cosas raras como, micos, iguanas, Loros, burras… Ah no perdón ésa es Nana. También vimos a un personajillo sacado de “Narnia” o algo así fantasioso, un niño con un machete gigante partiendo cocos como si fuera “Highlander”, esa escena daba escalofríos. Hoy en día todavía su nombre retumba en mi cabeza:

-¿Nene cómo te llamas? -«Juan»(pra, pra.)- Respondía sin dejar de machetear.

De ahí en adelante estando en la carpa no se escuchaba el típico dicho para asustarte: -Te va a salir el Coco. No, ahora decíamos: -Te va a salir Juan el de los cocos.

Ya quisiera meterle el acelerador a este teclado para llegar al momento en que les cuente, el porqué de las rodillas raspadas. Pero no, toca dejar lo mejor para el final y qué sea el climax de esta historia.

«Juan» se había convertido en nuestra diversión, todo los chistes tenían que ver con él:

-Eres chiquito pero con un machete grande como el de Juan; -Juan es mi ídolo porque partes el coco enseguida, sin Foreplay; -Juan le dedica a las noviecitas la canción sóbame el coco; – Cuando Juan esté grande la mujer lo pensará dos veces antes de meterle cachos.

La noche se acercaba, los sandwich nos llenaban y una garrafa más ocho piponas de aguardiente nos esperaban. Pensamos que ese número de botellas eran más que suficientes para los dos días que nos quedaríamos ahí. Pero no, la primera noche nos las acabamos todas.

Como en todos los paseo empiezan a salir sobrenombres, a continuación describiré algunos.

Radi: viene de radiografía. Mi querido amigo «Goku» se burlaba de mí diciendo qué por lo blanca que soy, se podrían ver mis huesos como en una radiografía.

Pulpi: No podíamos entender como un hombre mayor de edad, tenía una pantaloneta de baño azul celeste con muchos pulpitos pintados. Pasábamos burlándonos de él. Además, el Pulpi no sé la quitó en los 2 días, puerco.

Rodi: Viene de la palabra RODILLA, se dará lugar a la explicación de su apodo más adelante.

Sentados en una mesa empezamos a tomar. Al ver que sin bailar nos íbamos a demorar mucho en consumir aquel alcohol, decidimos jugar. “YO NUNCA” fue el juego de la locura, se trata de decir algo loco que hayas hecho pero anticipándolo con un “yo nunca”.

Por ejemplo «Nana» dijo: -YO NUNCA me he tirado un peo en la cama y he metido la cabeza dentro de las sábanas para olerlo. Entonces, todos aquellos jugadores que sí habíamos hecho eso alguna vez, nos tomábamos un trago de aguardiente.

Dijimos que íbamos a comenzar el juego diciendo cosas suaves como: -Yo nunca he besado, yo nunca me he orinado la cama, yo nunca me he comido los mocos, etc. Y así tomarnos rápido todo el trago. Pero «Rodi» no se aguantó y empezó a poner temas picantes en este juego.

-Yo nunca he tenido sexo; en un ascensor, en un avión, en la sala de mi casa, en un carro, en la playa, en un jacuzzi, en un parque, en una azotea, en unas escaleras, en un monte. Eran el tipo de comentarios muy personales que todos decíamos.

Nuestro vecino de carpa en un momento se acercó a la mesa y nos dijo:

-Jóvenes por favor, bajen la voz. Mis hijos me están preguntado; ¿Papi qué es mondá, culo, verga, jopo? Y no sé cómo responderles”. (Cachaco).

De imprevisto se acerca un señor con una ruana y un extraño sombrero. Era un indio Arahuaco diciendo:

-Té de coca, té de coca. Aclaro que somos un grupo de gente sana, pero por pasar un buen rato nos pusimos a burlarnos del papá de Juan, como lo apodamos por su parecido con el chico de los cocos. Todos Decidieron que yo, osea «Radi» fuera la vocera del grupo en aquel chiste. Entonces dije:

-Hey papá de Juan, usted no tendrá té de coca pero sin té.

Ese hombre se volvió loco y nos empezó a insultar. Nosotros no podíamos de la risa, todos nos caíamos de la silla y en el piso nos seguíamos riendo. Le pedimos disculpas al señor indio pero nada, él nos seguía insultando. Tuvo que llegar un guardia del parque para calmarlo.

Por la magnitud del comentario de “Yo nunca” de «Rodi» se acabó el juego. Solo con imaginarnos esa situación creo que hubo más de uno “orinado de la risa”. A las 2 a.m. nos fuimos a la playa. Había un cachaco con una guitarra alrededor de una fogata y empezamos a bailar y cantar.

Hubo hasta una violación Nucal. «Pipeton» estaba sentado en la arena, y «Rodi» se le montó en el cuello y empezó a hacer movimientos pélvicos en la nuca de él. Ese cuento fue muy bueno, duramos semanas riéndonos. -Me desvirgaron la nuca- decía él.

Tengo muchas lagunas del momento de la playa, de hecho aquí estoy hablando con la “inteligente” de «Nana» para que me recuerde. Y me dice: -Estoy casi segura, creería que sí, me suena. Veo que no soy la única enlagunada.

Esa noche teníamos tal desorden en esa playa, que llegó la policía, nos decomisó la botella y apagó la fogata. Nos tuvimos que regresar y cuando llegamos a la carpa, nos tiramos en las colchonetas con risas incontrolables. De pronto viene un argentino y nos dice:

-Oigan chicos ¿Qué hacen en mi carpa?. Bien, esos gauchos se contagiaron tanto con nuestra alegría, que nos acompañaron a buscar nuestra carpa.

Y aquí viene lo esperado: -YO nunca TUVE LAS RODILLAS RASPADAS por tener sexo  en una hamaca. Obviamente mientras «Rodi» era la única que se tomaba el respectivo trago, los demás literalmente nos ahogábamos de la risa.

Que noche tan inolvidable, al día siguiente nuestro despertador fueron unos patos gansos, “Cuak, cuak, cuak” que guayabo tan descomunal teníamos, por ende queríamos desplumar a ese animales. Encontramos destrozada esa carpa. El único que durmió con nosotras fue «Orly», todo un caballero ese hombre. Lo amamos, cuidaba a las mujeres como un perro guardián. Los demás durmieron en hamacas pero no se levantaron con las rodillas raspadas.

Pretendíamos quedarnos un día más, pero como habíamos caminado tanto. «Pipeton» estaba escaldado porque no llevo cremita “Desitin” a diferencia de «El Pulpy». Entonces nos regresamos a la civilización «Nana», «Pipeton», «Rodi» y «Radi». Porque «Goku», «El Pulpy y «Orly» se quedaron porque querían conocer a “tierra perdida”.

Eran las 6 de la tarde, alquilamos unos caballos y lloviendo subimos esas montañas. ¡Qué experiencia! Como yo era la amazona del paseo, me toco llevar todas las maletas en mi caballo. Mientras, «Nana» iba en su burro, «Pipeton» en su Burra y «Rodi» en su yegua “La mata siete”.

Todos salimos al mismo tiempo, pero el señor que llevaba a «Rodi» como que tenía daño estomacal, pues tenía mucha prisa por subir. Nosotros acá abajo sólo escuchábamos los gritos de ella:

-Ahhh señor suave; ahhh me voy a matar; ¡ay! Dios mío ayúdame.

Ella llegó con 15 minutos de ventaja.

Éste fue un paseo inolvidable, no dejo de reírme con cada recuerdo que se me viene a la mente. ¡Lo máximo!  Aconsejo a todos los extranjeros que venda a visitar Colombia, que no dejen  de ir al Parque Nacional Tayrona, les encantará.

 

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