Las que muestran el hambre sí comen

Las perras como Antonia Ruperta de Todos Los Santos más conocida por los vecinos como Toñi, la Schnauzer que pasea con una flaca despelucada en pijama todas las mañanas, son muy hambrientas. No sé si será la raza, calidad de alimento, cantidad o frecuencia con la que se lo reparten. “No lo sé Ernesto, no lo sé”, lo que sí sé es que hoy vine a hablar de ellas, de aquellas perras que cómo Toñi hacen escándalo y tiran el plato al piso porque tienen hambre, o porque amos despistados, o simplemente OCUPADOS, no se dan cuentan que ellas existen.

Esto me recuerda a un episodio que viví recientemente en una fiesta. Se presenta una mujer con un vestido normalito, con dos montañas Everest debajo del cuello y encima del ombligo, con una cara sencilla pero con unos ojos de gavilán pollero, que digo gavilán, esos eran ojos de golero mirando un trozo de carne, o debo decir de GOLERA, de esas goleadoras que no desperdician un pase gol.

Literalmente esa mujer tenía hambre. Sirvieron la cena pero todavía tenía ganas de comer… postre. Miró a su alrededor y vio a su presa, un caballero simpático que al verme sin acompañante se había sentado “disimuladamente” al lado mío. (Yo no lo conocía). «El caballero» y yo manteníamos una conversación muy amena, hablábamos de cualquier cosa y estábamos riéndonos a carcajadas. Al ver esto la mujer pensó:
-Andale, esa flacuchenta, rana platanera qué se cree, ¿Qué me va a robar a mi presa, a el único hombre de la mesa? Ni crea que me lo voy a dejar quitar.

Suena una canción de esas típicas en las que el pie se te mueve solo, un merengazo de esos que para un buen bailador es imposible contenerse y no bailarlo. “ Prométeme que si la ves… Delirio, delirio”. «El caballero» no sabía que hacer, él si que no quería mostrar el hambre sacándome a bailar enseguida. Los hombres si tienen claro el dicho: “El que muestra el hambre no come”, pero como él se demoró mucho en decidirse otro le ganó la batalla y me sacó a bailar. De inmediato él sacó a bailar a su mejor amiga dejando a aquella mujer, la de las dos montañas Everest, sola en la mesa, rodeada de vasos con trago, carteras y celulares.

En la pista de baile los dos ignoramos a nuestros parejos y pasamos revisando los movimientos del otro.
-Baila bueno- decía en mi mente.
-Esa flaca lo mueve bien- seguramente pensaba él.
Se acaba la tanda de canciones y volvemos a la mesa. Después de tomarnos un trago, él retoma la conversación. Al rato vuelve y suena la música, y para no volver a perderme se levanta de rapidez y se acerca a mí, así como actor de película, vestido con esmoquin extiende su mano y me saca a bailar. Pasa un rato y seguimos bailando, se acaba la tanda y seguimos en la pista esperando la otra.

La mujer en cuestión que estaba divisando el panorama, pensó:
-Ya la flaca ésa lo flechó, tengo que apresurarme.
Entre risas después del comentario que él me dijo:
-Oye que buena bailarina, me hiciste sudar. Vamos caminando hacia la mesa, pero para nuestra sorpresa la mujer que le pondré el apodo de: «La Everest», se había sentado en mi silla. ¿Podría la vieja ser menos obvia? Al ver ese panorama sin pensarlo me senté en la silla que era de ella, mi parejo desconcertado se sentó en su silla justamente al lado de ella. Y aquí empieza lo que yo llamo: la cacería.

«El Caballero» no había terminado de sentarse cuando «La Everest» empezó a meterle conversación. !Fue impresionante! Yo la miraba y la comparaba con la Chimostrufia y a él me lo imaginaba cómo Kiko diciendo:
-Cállate, cállate, cállate que me desespeeeeras. De vez en cuando «El Caballero» me miraba con cara de “WTF?”.

Se escuchó otra buena canción. Ese fue el momento clave para ver si la estrategia de «La Everest» estaba funcionando. Pero creo que la estrategia de «El Caballero» la sacó del estadio, él se levantó supuestame para ir al baño pero regresó en un minuto, esa ha debido ser la orinada más rápida de su vida. Al regresar, no sacó a bailar a la tetona, que digo a la «Everest», sacó a bailar a la flaca de los limones, ¡wiii gané!

Como estábamos “devorando” esa pista de baile, sentíamos que las canciones duraban muy poco, en esta tanda no queríamos dejar la pista y regresar a aquella situación tan incómoda. Pero ajá, las cosas son como las canciones; puede que la estés pasando bacano pero tarde o temprano todo llega a su fin.

Al regresar a la mesa le vemos la cara de “Cien años de soledad” a «La Everest». Esa mujer por dentro se le deberían estar torciendo las tripas de la rabia. Volvemos a nuestras posiciones, y al sentirse semi-vencida, aquella mujer sacó toda su artillería. Dicen que en la guerra y en el amor todo se vale, y para ella “Esto es guerra”,(Les recomiendo esa película). Una ventaja para ella fue que sacaron del juego a su rival principal, un amigo al verme bailar con el «Caballero» se antojó y me sacó a bailar. Yo desde la pista sólo veía a «El Caballero» tomar y tomar whisky y a «La Everest» hable que hable.

Conclusión, ya la batalla estaba perdida cuando al ver que no había más nadie en la mesa, el hasta entonces «Caballero» le tocó sacar a bailar a «la Everest». Y ya con el “bluyineo” yo no puedo. Acá se maneja el bailado elegante con 10 cm de distancia, cuello levemente inclinado y brazos en la nuca. Pero ella maneja una táctica muy eficaz, le gusta mucho la canción: “con ropa haciendo el amor”. Duraron sin mentirles como una hora bailando, bueno de pronto sí les miento porque llego un momento en el que dejé de preocuparme por la situación. Sólo vi que el ex «Caballero» o mejor pongamosle ahora «El Man» se fue una segunda vez al baño y creo que no precisamente a orinar.

Aquí vuelvo y cito a mi sabio amigo «Pipeton» que un día puso un tweet que decía: “A algunas viejas lo único que les falta es ladrar”. Otras cuando salimos de cacería lo hacemos como las felinas, sutilmente. Tan silenciosas que la presa ni se percata que estamos al acecho. Pero las mujeres hambrientas como «La Everest» lo hacen como los caninos, las perras(el animal) en su vida salvaje cazan con escándalo. Sus ladridos se escuchan a lo lejos, y a veces son efectivas en la cacería porque la presa es fácil, hombre.

Toca ser solidaria en esta vida, no hay que desperdiciar la comida. Por eso cuando me lleno, le doy las sobras a las perras.

¡Hasta la próxima amigos!

Pd: Jajajaaj me está encantando esta nueva faceta de bloguera, los comentarios de la pasada estuvieron geniales. “Mamá, mamá estoy triunfando”.

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