Compitiendo contra las super tetas

Termópilas. Fue la primera palabra que se me vino a la mente al hablar de tetas. Mi «Tía Maru» me decía: Caro, tranquila, que cuando estés grande vas a tener unas Termópilas como las mías. Ese fue el engaño más grande de mi vida.

Yo era muy inocente y pensaba que así se les decía a las protuberancias mamarias, hasta que un día, a los diez años, época en la que me estaban saliendo las “piedrecitas”, dije esa palabra en público. Mi hermanito me había apachurrado una de ellas, y salí corriendo adolorida a ponerle las quejas a mi mamá.

– Mami, mami «Saragusto» me espichó una Termópila – le dije mientras lloraba y me la agarraba con las manos.

Se me había olvidado que toda mi familia estaba ahí, acto seguido se escuchó una avalancha de carcajadas. Tanto así que una tía cayó al piso y no se podía levantar porque la risa le quitó la fuerza. Al ver aquel episodio dejé de llorar y empecé a reír, acompañando a aquella multitud a burlarse de mí.

Nunca más volví a hablar del tema, de hecho nunca le pregunté a mi «Tia Maru» de donde había sacado esa palabra. Pero ayer al recordar aquel momento de inmediato empecé a investigar. Averigüé que las Termópilas son unas montañas de aguas termales que están en Grecia. Además, es un lugar muy conocido porque sus montañas se asemejan a la forma de los senos y también porque ahí se llevó a cabo la batalla de las Termópilas.

300, la película. Representó aquella batalla épica donde trescientos espartanos liderados por Leónidas detuvieron el avance de 300.000 persas durante siete días. Leónidas y sus guerreros bloquearon el paso de las Termópilas que era el único camino por donde el inmenso ejército de Jerges podía acceder a Atenas. Al final los espartanos fueron vencidos y Grecia invadida, pero quedó en la historia que 300 valientes con las mejores tácticas de guerra enormemente superados en número, defendieron su patria a muerte.

Querido Leónidas, cuando escucho tu nombre se me viene a la mente una sola pregunta; ¿Será que de ahí viene la marca “Leonisa sí es mujer latina”? O ¿Será porque las tetonas son leonas? Leona-i-das. Mejor digamos que es por la primera.

Las Termópilas se dividen en copas: Copa de champagne (30B), copa de martini (32A) , copa de vino tinto (32B) , copa de coñac (34B) y copas tipo peceras (36 A en adelante). Las mujeres que las tenemos entre champagne y martini para poder competir con el resto nos toca tener una personalidad arrolladora y algo bonito por encima del cuello. Ya sea, la sonrisa, la nariz, los ojos o el cabello. Para que los hombres se distraigan la vista antes de que se den cuenta que no tenemos amortiguadores delanteros. Eso sí, uno puede conquistar sin Termópilas, pero sin piernas o sin cola es complicado. La ley de las proporciones es así: si una mujer tiene tetas, no tiene cola. Si tiene cola, no tiene tetas. Si tiene cola y tetas, no tiene cara bonita. Y si tiene cara bonita, cola y tetas, es prepago.

“Soy un estilo europeo”, es lo que orgullosamente digo cuando me dicen que me ponga Termópilas. Yo estoy segura que Dios hace las cosas por algo, imagínense si ésta amazona tuviera unas copas de coñac, al montar caballo se me pondrían como las tetas de las gitanas. O peor aun pasaría con los cachetes rojos de tantas cachetadas que me darían aquellos melones. Y para poder contrarrestar las consecuencias de la gravedad tendría que utilizar brasier de varillas todo el tiempo, causándome un grave calor mamario.

El salón Jumbo de Country Club, ha sido el epicentro de las vergüenzas más grandes de mi vida. No sé cuantas personas le caben a ese salón, pero entenderán que pasar una pena ahí es una cosa de grandes proporciones. Recuerdo cuando mi hermana se graduó del colegio. Yo tenía 14 años, tenía un vestido divino, tenía unos zapatos hermosos, tenía un peinado espectacular pero no tenía tetas. Yo siempre he bailado bien, porque me la pasaba “azotando baldosa” al son de la papayera en las cabalgatas de Arenal. A mí me gusta bailar con los mejores parejos y esa noche mi táctica fue sacar a bailar a mi cuñado, calentar la pista y luego que los amigos de él me sacaran a bailar. La estrategia me funcionó a la perfección, no había terminado de sentarme cuando un apuesto universitario me invitó a pasar a la pista. Empezó a cantar el grupo: “y está sonando, ba, ba, bananas, bananas -Mi baile de graduación, mi party de senior prom”.

Literalmente fuimos los reyes del baile, me daba mil vueltas, nos agachábamos, sólo faltó que me hiciera la vuelta voladora. Y en ese fatídico baile sentí que mi parejo me quedó mirando con cara de desconcierto, luego miré a mi alrededor y vi que la mejor amiga de mi hermana me empezó a abrir los ojos y con su boca me señala mis tetas. Producto de la agitada demostración “bailistica” se me había asomado una de las bolsas de algodón que me ponía para aumentar de copa, las famosas bolsas “engaña bobo”. De inmediato me las volví a ocultar y de la pena pasé sentada todo el resto de la noche.

Meses después, busqué por cielo y tierra un brasier que tuviera aquellas bolsas incorporadas. Y mi esfuerzo tuvo su recompensa, encontré mi salvación; un brasier con bolsas de aire. Yo estaba feliz, pensé que más nunca iba a pasar una pena como la del grado. Nuevamente me invitaron a un evento del colegio de mi primo en el mismo club. No recuerdo de qué era, ya que de ese día en mi memoria sólo quedaría el episodio que contaré a continuación. Yo no me explico por qué el locutor de esa fiesta hizo ese juego, imagínense que se le ocurrió decir: “El que me traiga un brasier que tenga relleno se gana una semana gratis en el City Park”. De repente sentí un jalón que casi me desajusta el brazo. Mi primo y mi hermano qué para esa época ya les medía “10 centímetros de largo” me estaban llevando arrastrada por todo el salón, mientras yo sólo escuchaba las cientos de carcajadas, que digo cientos, eran miles. Obviamente me solté y salí corriendo del lugar, mientras esos niños me perseguían.

– Caro por favor, préstanos el brasier de relleno que te compraste.
– Mira «Saragusto» déjame en paz, se lo voy a decir a mi mamá, que carajos TETAS creyendo pelaito e’ mierda.

Ya superé esa etapa de mi vida, he aprendido a amar mis limones y estoy tranquila porque sé que los hombre que se enamoran de mí, tienen un gusto muy fino. Además, les he demostrado que ese cuento de que “sin tetas no hay paraíso” es pura carreta.

Si tú eres champagne-matini y crees que para conquistar a un hombre te toca tener súper tetas, te cuento que tienes graves problemas de autoestima. Obviamente el prototipo de mujer latina es voluptuosa, es lo que nos venden en la televisión y a todas se nos ha pasado por la mente entrar en ese esquema. Pero cuando te aceptas a ti misma, haces que los demás te acepten y se enamoren de tu esencia y no de tu apariencia. Tienes que hacerle entender a los hombres que debajo de tu cabello tienes un cerebro y detrás de las tetas un corazón.

Pero para que mentir, yo con unas Termópilas “copas de vino” levantaría más que Jennifer López (risas). “Si claro, levantarías más pesas será”- me dirían. Por eso voy a hacerle caso a un amigo que me dijo que por ahí estaban unas prótesis mamarias “PIP” en promoción.

Pd: Ya cree la empresa… «Pañales CAROrin», ideales para aquello de orinarse de la risa

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6 thoughts on “Compitiendo contra las super tetas

  1. Jaja prometo que tampoco te acosaré, aunque despues de leer tus tweets dan ganas de montarte un altar. Son tan raros pero a la vez tan geniales que te convierten en una de mis tuiteras favoritas… Nos vemos, o nos leemos @dramaniela. Locas de atar.

  2. Aqui yo otra vez… No intento acosarte, pero escribes muy bien.. tanto así que me tienes pegada. No creo que seas la primera ni la última en usar rellenos cuando chica (Yo también usaba algodones, aunque nunca se me salieron en público). A mi también me decían “Cuando grande tendrás margaritas” (Qué rayos?) pff tengo 22 años y unos limones en vez de tetas. Pero no es algo que me apene. Con el tiempo he aprendido a aceptarme tal y yo como soy, tanto así, que usar brasier me molesta, por eso siempre tengo mis teticas al aire por que me hace feliz. Saludos!

  3. Muero de la risa con cada una de tus publicaciones, encontré el blog por casualidad y ahora no puedo parar de leer cada historia que has publicado, este en particular me hizo recordar cuando tenia 14 años (en ese momento me sentía divina, ahora veo las fotos y digo no puedo creer que haya sido así), fui de paseo con mi familia, yo estaba ansiosa por bajar a la piscina y mis papas no querían hacerlo así que baje sola, estas ansias mías eran por el salvavidas o recreacionista no se, el punto es que el que era estaba en turno en ese momento, era un hombre espectacular, el cuerpo perfecto y la cara ni se diga, comencé a bañarme y tipo película me hundía y salia peinándome el cabello, (guardianes de la bahía me quedaba pendejo), recuerdo que mi vestido de baño eran de amarre al cuello y como de tanto hundirme y salir se soltaron, cuando ya iba a salirme definitivamente de la piscina me coloque mi pareo un vestidito lindo transparente normal jajaja, en ese momento el susodicho comenzó a llamarme yo hecha la importante no preste atención, los que estaban por allí me miraban perplejos jajaja y oh sorpresa el susodicho me alcanza y yo atónita, pensé q me pediría el numero (que ilusa) jajaja y solo era para decirme que me acomodara el bra que se me había caído, esa fue la vergüenza más grande de mi vida, no sabia si correr, llorar o que, entendí que todos me miraban no por otra cosa si no por mis limoncitos al aire … seguramente sentian pena ajena….

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